Javier R. Fernandez

LAS ASTURIAS

JAVIER R. FERNANDEZ

Gijón, 1.953

E-mail

Página Web javierrfernandez.org





















Primera Edición 2.024

Registro Territorial de la Propiedad Intelectual M-006314/2024

ISBN 978-84-09-56436-1

INTRODUCCION

Las Asturias … una concesión en aras de la difusión, mi elección sería Les Asturies.

También una muestra de lo difícil que es este tema.

Sin duda que el título Las Asturias puede resultar ampuloso respecto a esta pequeña novela.

Totalmente de acuerdo con ello. Para describir mínimamente nuestras tierras como se merecen, se necesitarían muchas personas y libros.

Por ello, vaya por adelantado que estamos ante una simple y pequeña introducción a la historia que conocemos, además de la que podemos suponer por datos indirectos, de nuestra geografía.

La elección de personas y temas es igualmente compleja, pero inevitablemente es necesario elegir, consciente de mi subjetividad y parcialidad.

Sí, el conocido refrán de “ como muestra vale un botón ”, pidiendo disculpas por anticipado …

Salvo generalidades y excepciones, trato de centrar las historias en gentes comunes, unas veces ficticias y otras reales.

Ciertamente, los personajes históricos son sobradamente conocidos en todos sus aspectos, pero creo que la verdadera historia de una tierra la hacen las personas normales, con alguna o ninguna notoriedad.

Otro problema es tratar de que la descripción de las épocas y temas abarquen una extensión lo más amplia posible, y aquí nos encontramos con la dificultad de la información, que es tan pródiga en estos últimos tiempos como escasa y poco verificable según retrocedemos en la Historia.

Por ello, trato de mostrar un abanico lo más amplio posible, lo que conlleva que, inevitablemente, muchas épocas, historias y personajes recientes no sean mencionados, pues de lo contrario primarían sobre el conjunto.

Dado que esta novela describe diferentes épocas, es difícil compaginar su lingüística con la actual. En principio, trato de respetar la de la época descrita, pero es obvia su dificultad.

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ISTOR

La dinámica geológica de nuestro pequeño planeta es notable, aunque nuestra ínfima relación con los años necesarios para su desarrollo conlleve que la miremos de soslayo.

Antes de su creación, los océanos Atlántico y Pacífico estaban unidos en la zona de separación de América del Sur de la del Norte.

En esta zona, la dinámica de placas terrestres hacía que la placa del Pacífico se deslizara bajo la del Caribe, lo cual conllevó el desarrollo de volcanes submarinos por el calor y la presión asociados a estos cataclismos.

Hace unos 15 millones de años, algunos de estos volcanes emergieron y formaron islas, al mismo tiempo que algunas zonas marinas salieron a la superficie, debido a los desplazamientos tectónicos.

Toda esta dinámica propiciaría que, hace unos 3,2 millones de años, se crea el istmo de Panamá, un evento geológico que implicaría un gran impacto a nivel de todo el planeta.

Con una longitud de unos 700 kilómetros, y anchuras de 50 a 200 kilómetros, uniría los dos continentes americanos.

Este suceso tendría, entre otras, dos importantes consecuencias.

Por un lado, permitiría el flujo de la vida animal entre las dos zonas, incluyendo la reciente del Homo Sapiens.

Por el otro, modificaría totalmente las corrientes oceánicas del Atlántico y del Pacífico, con un gran impacto en el clima mundial.

En el océano Atlántico, la separación conllevó el aumento de salinidad de sus aguas. Esto crearía la actual corriente del Golfo, que modificó la climatología de la Europa y Africa occidentales.

Las temperaturas del Norte de Europa se suavizaron, pero se formó hielo en el Artico y Antártico, que propiciaría edades de hielo a lo largo del tiempo.

Su impacto en Africa también seria notable, propiciando la desertización de algunas zonas donde una especie de homínidos estaba en pleno proceso evolutivo.

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El alimento más a mano, y fácil de conseguir, eran los sabrosos mejillones, las lapas, los erizos de mar y los bígaros que colmaban los pedreros de las playas, y que podían consumir crudos o acercándolos al fuego hasta que se abrían.

Pero lo que buscaban con mayor predilección eran los cuerpos de los peces varados en la playa accidentalmente, normalmente ballenas, cachalotes y delfines. La algarabía de gaviotas y cuervos, alimentándose de ellos, les servía de señal, y una vez espantados los animales, se afanaban en cortar en grandes trozos aquellas carnes, a veces medio putrefactas, transportándolas a sus cabañas.

Con la ayuda del humo de su hoguera conseguían conservarlas largo tiempo, lo cual era la dádiva de unas semanas.

Istor sentó al lado de la cabaña, examinando con ojo de experto aquella piedra de la que confiaba en sacar una punta de lanza de gran calidad.

En su entorno, tenían abundantes cantos rodados fluviales de cuarcita, la roca metamórfica que les brindaba, después de una talla cuidadosa, las herramientas necesarias para sus actividades, como hachas de mano, puntas de flecha, bifaces, raederas, etc.

Los bifaces conllevaban un cuidadoso y premeditado trabajo simétrico de la piedra por las dos caras, lo cual implicaba gran maestría en su talla usando otra piedra de cuarcita como percutor. Istor se concentró en la eliminación de las irregularidades más notables de sus caras externas. Luego, fue quitando material hasta conseguir un espesor adecuado, y una forma con la característica base redondeada y afilada en la parte opuesta.

Sin pausa, cogió un trozo de asta de ciervo, que usaría como percutor blando. Con golpes cuidadosos y precisos quitó irregularidades que brindarían lascas, que podría usar para cuchillas. Finalmente, asió otro percutor blando de tamaño más reducido, para pulir las aristas en la zona utilizada para agarrarlo al usarlo.

Istor sonrió, satisfecho de su trabajo, cogiendo otra piedra para repetir el proceso, muy consciente de la importancia que tenían aquellas herramientas para su tribu.

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GRUM

Encabezado por Grum, el pequeño grupo se desplazaba por el valle camino de su próximo refugio temporal, la cueva que ya conocían de otras ocasiones.

La Primavera de aquel año 50.000 a.e.c. ya había entrado pero, aun así, el frío era cortante, aunque con el movimiento se atenuaba algo.

Detrás de Grum, se encontraba Kana, de 264 Lunas, la hembra con la que compartía sus noches, en avanzado estado de gestación, que por ello marcaba el paso.

Luego, seguían los otros 11 miembros de su tribu. Con la excepción de la pequeña Gama, el resto portaban la mayor carga posible de sus escasa pertenencias.

La apenas desbrozada senda transcurría entre enormes abedules, cercana al pequeño pero ruidoso río, con todo el paisaje impregnado de un suave color verde primaveral.

A veces se despejaba algo el terreno, dato importante para conocer que eran lugares donde los ciervos acudirían a pacer la hierba que allí brotaba fácilmente. Al mediodía, alcanzaba el lugar donde la vereda ascendía hasta sobrepasar el límite del abedular, llegando a la cueva.

Sus desplazamientos estaban siempre condicionados por los animales que constituían su alimentación, y solían acudir allí a finales del Invierno. Una vez allí, las impredecibles circunstancias marcarían la duración de su estancia.

La cueva se situaba a unos 300 metros de altitud, orientada al Sur, lo cual les permitía disfrutar gozar esporádicamente del astro rey, si las nubes que cubrían habitualmente el cielo cantábrico se despejaban.

Su profundidad era desconocida para el grupo, pues nunca había logrado llegar al final. La entrada tenía una longitud de unos 200 metros, el lugar que usaban como residencia.

Llegados a la entrada, Dupir usó la pirita, aquella piedra de que friccionada con su hacha de sílex producía unas chispas asombrosas, para encender dos cortezas de abedul, que él y Bog usarían como antorcha para inspeccionar en lo posible la gruta.

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Una precaución necesaria, pues era posible que las fieras la usaran como refugio, en especial el temido oso. Sin embargo, los restos de la actividad humana que quedaban en la cueva solían ser disuasorios para los animales salvajes.

El grupo esperó pacientemente a las afueras, y cuando los dos hombres salieron, se adentraron para acondicionar sus bultos en la espaciosa cámara de la entrada.

Grum y Umar se dedicaron a coger ramas y troncos de los alrededores para una fogata, sin importarles que estuvieran húmedos.

Aunque el concepto de futuro les resultaba confuso, difícil de percibir, cuando abandonaban la gruta el instinto les impelía a dejar restos de troncos dentro de la cueva, que se secaban y eran de fácil combustión para encender fuego.

Antes del anochecer, una gran hoguera iluminaba someramente y calentaba algo la zona adyacente, aunque la temperatura era muy fría, pues dentro del periodo geológica en que se encontraban, el Pleistoceno Superior, soportaban unas temperaturas glaciales.

A lo largo de miles de años, con altibajos, las glaciaciones llegaron hasta la Península Ibérica, con sus gélidas temperaturas y un notable descenso del nivel de las aguas, que dejaba al descubierto grandes zonas costeras, mientras las montañas cantábricas se cubrían de hielo, con un gran impacto en las temperaturas.

Igualmente, en la vida animal y vegetal. Las especies propias de los climas fríos desplazaban a las que eran incapaces de sobrevivir al cambio, en el continuo juego de la vida.

Todo esto condicionaba a Grum y a sus gentes.

Los neandertales dependían de la caza para su supervivencia y, lo mismo que sus presas, la evolución adaptaba su biología para permitirles vivir bajo temperaturas frías.

Otra cercana entrada exterior daba paso a unas galerías estrechas, que conducían a una zona en cuyas paredes de arenisca, ocasionalmente, hacían grabados y pinturas.

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Las circunstancias gobernaban sus vidas, y si una persona era buena cazadora, devenía importante en el cometido más vital de cualquier miembro del grupo, el conseguir carne para alimentar a todos sus integrantes.

Pero los últimos años habían sido muy duros. El frío había sido implacable, con largos tiempos de campos y montes helados, donde era muy difícil de cazar.

Bog recordaba con gusto los contactos con otros grupos en los tiempos de menos frío, donde se comentaban técnicas de caza, ideas diferentes, y sobre todo, los jóvenes encontraban a quienes serian sus primeras parejas.

Pero su aislamiento en los últimos tiempos impedía tales contactos, y al final se formaban parejas entre los componentes de las tribus, como en el caso de Dina y Dupir, Tula y Asor.

Toda esta información se mezclaba en el cerebro de Bog, quien finalmente era incapaz de razonar las consecuencias, pero sí de intuir que aquellos detalles eran importantes.

Obviamente, más que importantes, vitales.

La endogamia entre los grupos de neandertales no era rara, con todas sus consecuencias negativas para la óptima genética de una especie.

Como asimismo el aislamiento, el poco contacto con otros grupos.

Uno de los motores del avance social radica en la comunicación con otras personas, el intercambio de opiniones, el conocer costumbres diferentes.

Y encontrar gentes distintas, con otras mentalidades. La comparación es inevitable, percibir diferencias positivas que luego se pueden copiar.

No menos importantes las sensaciones asociadas a conocer otras gentes, pues cuando las reuniones finalizaban, siempre quedaba su recuerdo, las ganas de volver a encontrarse con personas diferentes a las cotidianas.

Una sociedad sin cambios, inmovilista, está condenada a la extinción, a quedarse atrás respecto a quienes evolucionan. Además, pensó Bog, quizás las edades eran igualmente importantes. Tula tenía 324 Lunas cuando paría a Gama, una edad muy alta para alumbrar, pues lo más normal era que las mujeres parieran entre las 180 y 240 Lunas.

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En total, 13 bocas que alimentar, una tarea comunal asumida por todos sin dudas ni vacilaciones.

Pero eran conscientes de que en sus cacerías tenía que prevalecer la precaución. Si uno de ellos moría, sería muy difícil, por no decir imposible, que los otros tres pudieran cazar para todo el grupo.

Cierva enorme y menor … peligro … mejor no cazar – comentó el prudente Bog.

Sí … pero carne necesitar – respondió Dupir.

Ambos miraron a Grum, que se mostraba indeciso. Consciente del peligro, pero igualmente de las necesidades de comida para la tribu.

Sí …carne necesitar … intentar cazar … pero precaución … Bog y Dina conmigo – fue su respuesta final.

Asintieron, también conscientes de que tenían que intentarlo, pero con la máxima prudencia.

Comunicaron su decisión a sus gentes, quienes se concentraron en preparar todo lo que necesitarían para su cacería.

Cada uno llevaría un morral de piel de ciervo, con carne seca de jabalí y piedras de pirita para hacer fuego, además de manoplas y una capucha de piel de lobo como repuestos.

Igualmente, una tupida piel de oso para las gélidas noches, que portarían atada sobre el morral.

Aunque adaptados al frío, su supervivencia sería imposible sin la protección de una vestimenta adecuada.

Usaban la dura y gruesa piel de jabalí para confeccionar sus botas, llevando unos calcetines de piel de ardilla o conejo.

Su ropa externa, como pantalones, capucha y jersey, era de piel de lobo, que se componía de dos capas. La externa actúa como protección contra la lluvia y el viento, mientras la interna proporciona aislamiento contra el frío.

Sus manoplas estaban unidas con cintas de cuero a sus brazos para evitar perderlas, lo que conllevaría que sus manos se congelasen.

Internamente, llevaban pieles de ciervo o rebeco, cálidas y ligeras.

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Una gruta situada en montañas más altas, albergaba a unas 20 personas, componentes de otra tribu.

Debido a su localización, el impacto del empeoramiento climatológico fue más duro, unido a que la rapidez con que este devino les imposibilitó el hacer acopio de víveres.

El adelantado Invierno vino inclemente, el hielo se hizo el rey del paisaje.

Después de una Luna luminosa sin comida, los más débiles empezaron a sucumbir lentamente de hambre.

Sobrevivir …

En nuestros genes, el imperativo biológico de la supervivencia puede surgir inevitablemente en condiciones extremas.

Su respuesta depende de sensibilidades personales, educación, criterios morales.

Una de las respuestas, el canibalismo.

Biológicamente hablando, los humanos somos carne, como los animales sobre los cuales imponemos nuestra mentalidad.

Algunas tribus practican el canibalismo ancestral, una simple respuesta a sus necesidades alimentarias y posibilidades de caza.

Otras, lo hacen en circunstancias excepcionales, donde está en juego la simple supervivencia temporal.

La tribu de Sogur se encontraba en esta última opción.

Cuando los más débiles comenzaron a morir, recurrieron a sus cuerpos como fuente de alimentación.

Aun así, después de una Luna sólo quedaban vivos tres hombres y dos mujeres.

Su destino dependía de ellos, matarse y comerse, o huir de su gruta y tratar de encontrar comida en otros lugares más bajos, con una mínima mejor climatología.

Sogur con su compañera Ikela, Ker con Usla, y el joven Tak discutieron sus opciones al calor del fuego.

Vivir aquí ya no posible, o morir todos.

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KASTER

La especie Homo Sapiens llegaba a las Asturias hace unos 35.000 años, durante el Pleistoceno Superior, periodo geológico que comprende desde hace unos 126.000 a 11.700 años.

Este periodo tuvo diversas fases frías y cálidas, culminando con un enfriamiento global, la glaciación de Würm. Este periodo contó igualmente con fluctuaciones climáticas, pero llegaría a su máximo rigor entre hace 24.000 a 10.000 años, con la extensión de los hielos en su máxima propagación.

El nivel de la mar descendió hasta unos 120 metros por debajo del nivel actual, debido al hielo formado en los mares septentrionales. Igualmente en tierra, con espesores de hasta 3 kilómetros en la actual Escandinavia.

La dura climatología imperante en el año 20.000 a.e.c. motivaba que grandes mamíferos como el mamut lanudo y el rinoceronte lanudo, perfectamente adaptados al frio, se vieran impelidos a desplazamientos temporales hacia el Sur de Europa.

Aunque llegaron a alcanzar el Sur de la Península Ibérica, la mayoría de ellos se quedaron al Norte, desde la franja cantábrica al Mediterráneo.

Lo mismo le sucedía a la especie humana. Si durante los periodos interglaciares se asentaban en zonas montañosas, ahora el frío les empujaba hacia zonas costeras, donde las temperaturas eran igualmente duras, pero menos gélidas que en las alturas.

Las lluvias, o normalmente nevadas, también escaseaban, con lo cual la aridez se extendía propiciando unas tierras casi esteparias, con algunas coníferas. La hierba era la vegetación predominante, aunque normalmente bajo un manto níveo.

La tribu de Kaster ocupaba una zona cercana a la actual línea de costa del mar Cantábrico, al Oeste de la actual sierra del Cuera.

Los acantilados cercanos les brindaban la visión de la mar, unos kilómetros al Norte. Aquel entorno marino era una importante y fácil fuente de alimentación para ellos, aunque no era suficiente para las 16

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Pero igualmente, era importante la necesidad de viajar, de conocer nuevas tierras y gentes, algo congénito en nuestros genes, que nos impele al movimiento, a la exploración.

Muchas de estas personas no regresaban a sus tierras natales, bien porque simplemente fallecían a causa de los azares de su viaje, bien porque encontraban parejas en otros lugares, y se quedaban allí.

Yo Pamir – se presentó uno de ellos.

Yo Sogur – su compañero.

Kaster y sus gentes les dijeron igualmente con sus nombres, y les condujeron a la cabaña de Masus y Luda que aunque compartida con Menga, la madre de Luda, al carecer aquellos de descendencia tenían más espacio y podían acogerles temporalmente.

Después de dejar allí sus pertenencias y armas, salieron para conversar con sus expectantes anfitriones.

Pamir sobresalía por su altura, de 1,75 metros, y su fortaleza física, a pesar de su juventud de unas 264 Lunas.

Su tez morena, sus fuertes brazos, sus ojos acastañados y vivaces, su largo pelo recogido en un moño, sus facciones varoniles, encendieron a las jóvenes Asena, de 192 Lunas y Usla, de 240, que enseguida se olvidaron de todo excepto de estar rondando constantemente a su lado.

No sólo a las dos muchachas, también a alguna mujer.

Con unas 228 Lunas, Sogur era algo menos alto y fuerte que su compañero, aunque igualmente atractivo.

Pero Sogur era diferente. Sus sonrisas al joven Pesot, de 180 Lunas, suscitaron primero sorpresa, luego algo de desconcierto.

Especialmente cuando Pesot, para su propia sorpresa, empezó a sentir una atracción desconocida por el forastero.

En los días siguientes, los dos se ausentaban solos frecuentemente, en busca de alguna caza ocasional, y poco a poco algo más que una amistad comenzó a surgir entre los dos. Tales inclinaciones sexuales eran conocidas. En las congregaciones de las tribus, donde se reunía mucha gente, era más normal encontrar a aquellos hombres, que normalmente eran aceptados sin problemas, lo mismo que las lesbianas.

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En un corto trecho, llegaron a una dolina. Allí se localizaba una sima, producto de la erosión del agua en la piedra caliza, con un pequeño agujero que supusieron llevaría a un pozo. Pero aquello no era adecuado para sus planes, pues si los animales caían por allí, no podrían sacarlos.

Si hembra aquí, ella no bajar. Correr izquierda o derecha – dijo Tak.

Estudiaron detenidamente el lugar. Siempre por arriba, los animales se moverían en esas dos direcciones posibles. Recorrieron un trecho hacia la izquierda, y allí vieron la posibilidad, pues el terreno acababa bruscamente en un pequeño cortado de unos veinte metros.

Si forzar hembra huir hacia allí, ella caer precipicio, nosotros no necesitar cazar.

Kaster apreció que era una idea posible.

Posible, pero no fácil.

Eran necesarias muchas condiciones. Que los animales huyeran hacia la izquierda, que no cayeran en la dolina, que giraran a la izquierda, que no se detuvieran al llegar al cortado, …

Ellos lo desconocían, pero los rinocerontes tenían una visión mediocre, compensada por un excelente olfato y oído.

Por experiencia, ellos tendrían en cuenta el viento, para evitar ser detectados por su olor, y también moverse sigilosamente.

Nosotros ser siete. Nosotros necesitar un cazador abajo para piedras detrás animales, un cazador delante animal con fuego para mover animales izquierda, y los otro cinco cazadores antes depresión para forzar animales ir izquierda, sin detener, hasta precipicio …

Sí, posible – asintió Tak con excitación.

Necesitar al menos un día, pero posible.

¿ Que suceder si hembra no tener miedo a fuego ?

Tak meditó esa posibilidad.

Yo no saber, pero animales siempre temer fuego.

Kaster reconoció que así era, aunque …

Kaster se interrumpió, dando tiempo a que entendieran bien el plan.

Ahora, animales pasar por fuegos de Masus y Tak. En final, Pamir y yo esperar con fuegos, y mover animales a la izquierda.

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¡ Aquí !

Deva, la Bandruid de gran predicamento en la elección de los emplazamientos de los megalitos, no dudó en señalar el lugar debajo de sus pies, con su palo de Texu.

A su lado, Xandru y Eloi asintieron, marcando visiblemente el lugar con unas piedras, aquel año de 2.700 a.e.c.

La especial sensibilidad de Deva captaba aquellos puntos donde se manifestaban las fuerzas telúricas de la tierra, u otras formas de energía, inapreciables para las gentes normales.

Xandru y Eloi no pudieron menos que mirar a su alrededor con aprensión, lo que provocó la sonrisa del druida.

Se encontraban en Valdosu, una vaguada a unos 1.300 metros de altitud y rodeado por cimas que sobrepasaban los 1.700 metros, casi impenetrable debido a su bosque de hayas, robles y texus, unos árboles sobradamente centenarios, junto a otras especies menos longevas, como los abedules y acebos.

Aquellos parajes eran conocidos y, sobre todo, especialmente evitados por las gentes de la tribu de los dos montañeses.

Los lobos tenían allí a unas de sus zonas reproductoras más importantes, estando presentes por doquier, y los abundantes osos vagaban igualmente en gran cantidad.

Por todo ello, aquel valle y montes eran temidos entre los lugareños, y casi nunca osaban penetrar allí.

Se llamará la piedra de Onno – dijo escuetamente Deva.

Ambos asintieron, suponiendo que la Bandruid elegía tal nombre debido al cercano arroyo, nacimiento del rio Astura.

Este río daría el nombre de Asturia a una zona mayor, y sus habitantes serían conocidos como los astures por los romanos.

Aquellos territorios, entre Asturia y Cantabria camino del Sur, eran salvajemente montañosas, casi incomunicadas excepto por sendas apenas conocidas, de una climatología extrema en Invierno y. por todo ello, escasamente habitadas por duros y duros montañeses.

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Por un tiempo, aquella energía alteró su conciencia humana, vinculó su cuerpo con la laja, fundió su Yo con aquellas fuerzas naturales y primordiales.

Conforme a sus tradiciones, esperarían a la Luna llena. En tal noche, si era posible, celebrarían un baile en su honor, ahora además uniendo a ello el alzamiento del menhir.

Parcialmente nublado, todas las gentes se unieron a la alegría del esperado baile, con la participación de Deva.

Esta es una noche muy especial … además de honrar a la Luna, siento que estamos en el principio de algo importante, donde las gentes que estamos aquí … ¡ seremos una semilla del mañana, creciendo hacia las tierras que marcan las estrellas de la Gran Osa, y hacia las tierras del Sol del mediodía !

Deva se detuvo, concluyendo su corta pero emotiva alocución al lanzar un puñado de semillas de escanda a la tierra.

¡ Por nuestras tierras ! ¡ Que nuestras Deidades nos guíen y nos protejan ! ¡ Por Tilenus ! ¡ Por Deva !

! ¡ Por Tilenus ! – exclamaron los hombres.

¡ Por Deva ! – contestaron las mujeres.




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GUERRAS CANTABRAS

Iulius Caesar, cónsul y general romano, se ocupó tanto de guerrear dentro y fuera de su país como de tratar de que su poder no tuviera enemigos, según los intemporales cánones humanos.

Todo ello harto difícil, y un grupo de senadores no fueron indiferentes a que Iulius se autonombrara cónsul y dictador perpetuo. La sospecha, y temor, de que su fin fuera restaurar la monarquía les movió a confabularse contra él, contando con el apoyo de militares y civiles que hasta entonces había apoyado a Iulius públicamente.

Su asesinato, en el año 44 a.e.c., desató las inevitables guerras internas, con la unión de Gaius Octavius Turinus ( sobrino – nieto de Iulius Caesar ), Marcus Antonius y Marcus Aemilius Lepidus enfrentándose a los asesinos de su jefe.

Gaius Octavius Turinus fue uno de los numerosos nombres, entre ellos Gaius Iulius Caesar Octavianus, de quien sería conocido finalmente como Gaius Iulius Caesar Augustus, el Imperator Caesar Augustus.

Concluida esta etapa con la victoria de Augustus y sus compañeros, se formó el Segundo Triunvirato en el año 43 a.e.c.

Una victoria que, conforme a la tradición, conllevaría el asesinato de unos 300 senadores y 2.000 prosélitos.

Igualmente siguiendo la tradición, los tres victoriosos militares se repartieron el pastel de las tierras de la República.

Tres jefes de una República va contra la lógica humana, por no mencionar la militar. Augustus se deshizo fácilmente de Lepidus, a quien perdonó la vida, además de respetar sus bienes y su dignidad de Pontífice Máximo, el cargo más respetable y con mayor poder de la ancestral religión romana.

Sin embargo, el complot de un hijo de Lepidus contra Augustus desató las iras de este, humillando constantemente a Lepidus hasta su muerte en el año 13 a.e.c. Tras este óbito, Augustus accedió al cargo de Pontífice Máximo.

Deshacerse de Marcus Antonius no le resulto tan fácil, pero finalmente las naves de Augustus, dirigidas por Marcus Vipsanius Agrippa,

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Lo mismo que el bronce, hierro, mercurio, plomo y, sobre todo … – se interrumpió el invitado.

Los yacimientos de plata, como los de Carthago Nova, donde tenemos miles de esclavos, y el oro del Norte, especialmente en uno de los yacimientos más importantes pero que todavía está por explotar, Mons Medulius – concluyó.

Los dos insignes romanos ni pensaban en el otro lado de la moneda, todo lo que conllevaba para quienes no gozaban de la Pax Augusta. Miles de esclavos y prisioneros de guerra forzados a sacar las riquezas mineras en condiciones infrahumanas, sin ningún tipo de seguridad, donde todos los condenados eran plenamente conscientes de que sus días estaban contados, que simplemente dependían de su resistencia física.

Cuando cesó la explotación del Mons Medulius, se habían destruido más de 500 millones de metros cúbicos de tierra, tanto para crear las canalizaciones necesarias, superiores a los 300 kilómetros de longitud, para su peculiar sistema de extracción, como todo lo que este conllevaba.

La recompensa, unas 5 toneladas de oro. Tampoco se insinuó en sus pensamientos las numerosas fortunas personales hechas al amparo de la fuerza, la filosofía habitual tanto entre los gobernantes como entre todos aquellos que tenían oportunidad de practicarla.

Sí, Hispania es el pilar esencial de nuestra economía – concluyó, sucintamente, Pollio.

Bien, ahora hablemos de las tribus rebeldes. Además de incultas, no tienen ni alfabeto …

El invitado frunció ligeramente el ceño ante aquel comentario, aunque prefirió ignorarlo.

En primer lugar, Cantabria, habitada por los cántabros. Dominan las tierras al oriente del rio Astura, entre la costa y otras zonas al Sur de los montes Ebraseos. Luego, Asturia, poblada por los astures, al occidente del rio Astura, hasta Gallaecia, y desde la costa hasta igualmente extensas zonas al Sur de los montes Ebraseos.

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Antes, se reunía con los legados de Lusitania, Plubius Carisius y de Tarraco, Caius Antistius Vetus.

Egregios Legatus, tengo que reconocer que esta infame meteorología norteña, además de la dureza de esta guerra, ha impactado en mi saludo. Por ello, me trasladaré un tiempo a la mediterránea Tarraco, para restablecerme. Por supuesto, la lucha nunca se interrumpirá hasta nuestra victoria final, por lo que vosotros la dirigiréis durante mi estancia temporal en Tarraco.

No conozco estas tierras, pero han de ser muy duras si han conseguido afectar a tu salud, que es lo principal. Sí, supongo que echaré de menos a la soleada Tarraco, aunque será un gran honor que mi ciudad te acoja en tu recuperación.

Tu recuperación es lo más importante, y por supuesto que es un orgullo para nosotros el continuar tu labor. Explícanos tus planes, por supuesto que tu experiencia en esta región es muy importante para nosotros, que venimos de lugares tan diferentes.

Gracias por vuestras palabras. Carisius, te encargarás de los Astures, y Antistius de los Cántabros. Para ello, contareis cada uno con tres Legiones, ya experimentadas en este infame terreno. Hay otra Legión de reserva en Segimasa, a vuestra disposición.

Sus miradas se dirigieron al mapa que mostraba todos los detalles conocidos de aquellas montañas, como asimismo de zonas más meridionales.

¿ Quien es el jefe de los Cantabros ? – inquirió Antistius.

Un tal Corocotta.

¿ Y el de los Astures ?

El principal se le conoce como Gausón, aunque también son muy importantes Loranto y Assuro.

Sobre el mapa, Augustus prosiguió su tarea de informarles acerca de todas las particularidades que podrían ser útiles para su misión, y finalmente cenaron sin dejar de comentarlas.

Al fin, alzaron sus copas para la despedida.

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Carisius recibía al jefe astur, sin menoscabo de su dignidad.

Saludos, jefe romano Carisius.

Salve, Loranto.

Vengo dispuesto a negociar nuestra rendición, siempre que sea honrosa para mis guerreros.

No puedes exigir nada, mis Legiones están muy cerca de la victoria final, lo sabes muy bien.

Así es, pero si no llegamos a un acuerdo, lucharemos hasta el final. Inevitablemente, ello implicará bajas también para ti.

Carisius era muy consciente de ello y, aunque podría ignorarlo, tampoco le gustaba perder soldados cuando todavía no estaba asegurado el fin de la guerra.

Por otro lado, como militar, no podía menos que apreciar el valor y entereza de aquellos guerreros.

¿ Cuál es tu propuesta ?

Mis tropas entregarán sus armas, y nos dejarás regresar a nuestras tierras. Asimismo, no destruirás a Lancia.

El legado reflexionó sobre aquellas palabras. Respetar el castro podrías ser asumible, pero no era factible permitir que los guerreros astures supervivientes regresaran a Asturia en su totalidad, sin ningún castigo.

Finalmente, respondió.

Lancia será la prueba de la grandiosidad y el perdón que Roma puede otorgar, por lo cual no será destruida.

Loranto asintió, esperando la decisión más importante.

No puedo permitir que tus guerreros regresen en su totalidad a Asturia. Dos de cada diez serán esclavos. Otro de cada diez será encuadrado en una Legión romana como mercenario. En cuanto a ti y a Assuro, seréis igualmente alistados en una Legión donde no haya astures. No tengo dudas de que es un buen acuerdo para vosotros, como de mi respeto a vuestra valentía.

Loranto no pudo menos que reconocer que Carisius no era cruel en su decisión, con lo cual no había nada más que negociar.

Así sea, Carisius – accedió, con una mirada orgullosa.

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Los gritos de júbilo por la victoria en aquella escaramuza inundaron las gargantas de los defensores, mientras sus enfurecidos oponentes retornaban a la seguridad de la distancia.

Pero tanto Balbín como Silius eran conscientes de que aquel episodio era anecdótico.

Los romanos lanzaron otros dos ataques similares, cuyo único fin era simplemente acabar con la resistencia de aquellas tablas, y después del último se retiraron, lo que pregonaba que al día siguiente lanzarían el ataque definitivo. La puerta ya estaba claramente dañada, y aunque los defensores la reparasen con los medios a su alcance, su suerte estaba echada.

Balbín y sus gentes carecían de alfabeto, pero llevaban en su sangre el orgullo y determinación de su raza.

Reunidos aquella tarde en el centro del castro, Balbín y el druida contemplaron aquellos rostros, serios pero altivos, que no darían ni pedirían piedad a sus enemigos.

Balbín impuso a su voz un tono casi indiferente.

Amigos, compañeros, familias, todos vosotros sois mi orgullo, es un honor, un privilegio, estar a vuestro mando.

Aunque invisible, todos captaron la inflexión de su voz cuando prosiguió.

Ya sabemos que nuestra puerta está destrozada, y que mañana será el ataque final de los invasores romanos.

Es el momento de decidir qué vamos a hacer, Rendirnos, huir, combatir hasta el final – el druida continuó por Balbín.

Las espadas y lanzas al cielo, los gritos percibidos incluso por los romanos, eran la respuesta inequívoca.

¡ Por Táraru ! ¡ Muerte antes que esclavitud !

Gritos, lágrimas, maldiciones, diferentes manifestaciones, pero el fondo común de su voluntad.

Victoria o muerte.

Balbín alzó su brazo, para pedir silencio.

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Las Deidades, al igual que los entes malignos, posiblemente no existen y, en este caso, serían simplemente el fruto de las necesidades y temores de la especie humana.

Pero si existe el manifestar, a través de diferentes formas nuestras creencias, independientemente de que sean o no ciertas.

Todo ello ha hecho que este mundo sea parte de nuestros sentimientos, ya sea de una manera consciente o inconsciente.

Los diferentes pueblos crean variadas culturas, cada una con su idiosincrasia y peculiaridades que, trasladadas al ámbito religioso, brindan una gran variedad de seres benignos y malignos.

Como incomparable crisol de una gran variedad de culturas, la Península Ibérica se ha beneficiado de tal riqueza, hasta la llegada de las tres religiones monoteístas, que han basado su imposición sobre las anteriores en la destrucción de estas.

Aun así, la memoria colectiva de una parte de nuestras gentes no ha olvidado, ni renegado, de las antiguas creencias.

Respecto a las Asturias, la mezcla ha sido extraordinaria, plena de Deidades ancestrales buenas y malas, seres mitológicos, etc.

Las Deidades ancestrales, de las que las Asturias es fiel reflejo al igual que el resto de la Península Ibérica, suelen pertenecer a círculos restringidos, como los de la magia, la hechicería, etc.

Es algo diferente de lo que ocurre a nivel popular, en donde las Deidades quedan relegadas a un segundo plano, en favor de la Mitología.

Como suele suceder en la historia más lejana, es muy difícil conocer con exactitud el momento en que surge un personaje mitológico y, lo que es peor aún, con el paso del tiempo todo se altera sin solución. Una cultura puede apropiarse o modificar una antigua figura mitológica, y ante esta realidad, la suma de tiempos y culturas quizás nos conduce a no ahondar mucho en ello, simplemente describir lo que tenemos más fácil …

Lógicamente, y dado que la especie humana creció y se expandió en el ámbito de la naturaleza, es en nuestros bosques, fuentes, montañas, etc., donde proliferan estos seres.

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ROXANA

La aurora embelesaba a Roxana, admirándola desde un acantilado cercano a la cueva del Pindal.

En los meses veraniego, el astro rey surgía lento y majestuoso, pregonando su poder y tiranía sobre sus vasallos, desde el mayestático Júpiter a los insignificantes humanos.

Como siempre, Roxana sentía su ignorancia ante aquel astro.

¿ De dónde procedía ? ¿ De qué estaba formado ? ¿ Por qué ahora brillaba tanto tiempo, y en los meses invernales apenas nada ?

Preguntas sin respuesta …

Las mismas que se hacía cuando, como ahora, penetraba en la húmeda y oscura cueva.

Unas pocas veces al año, como ahora en el de 1.280, la entrada, orientada al Este, gozaba de la luminosidad de unos fugaces rayos de Sol.

Se sentó, pletórica ante aquel espectáculo inenarrable, hasta que concluyó con el movimiento del astro rey.

Encendió su antorcha de madera de abedul antes de continuar por una galería que daba acceso a una amplia cámara, a unos cien metros de la entrada, concentrándose en no caer en el resbaladizo suelo.

La luz de su tea era débil, lo que la privaba de una visión amplia de todo lo que contenía aquel espacio, teniendo que contentarse con ver sólo lo más próximo a ella.

Se hallaba en una amplia cámara, en cuya pared derecha había unas pinturas hechas con pigmentos de color rojo, con el efecto erosivo de la humedad y los miles de años transcurridos desde que unas personas las pintaran.

La oscuridad, unido a la exigua luz de su antorcha, hacía difícil su contemplación, pero era suficiente para ella.

Unas líneas verticales, con unos puntos y círculos a la izquierda, eran fácilmente visibles, dando paso a una zona más elevada, en la que se podía apreciar la pintura de una cierva.

Su cabeza era pequeña, y las curvas de su lomo concluían en sus pródigos cuartos traseros, con unas patas ya muy erosionadas enmarcando

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Su erotismo era innato, sin trabas ni prejuicios, y disfrutaba plenamente de él como de otras cosas de su vida.

Gozaba con hombres tanto como con mujeres, simplemente dejándose llevar por sus sentimientos.

No deseaba descendencia, con lo cual era prudente y, además, conocía bien de los remedios contra los embarazos no deseados, fruto de las enseñanzas de su madre.

Entre otras plantas, la popular ruda era la más empleada.

Respecto al sexo, Roxana tenía una debilidad …

El placer que le brindaban dos hombres era incomparable y, siempre que le era posible, no dudaba en entregarse a su gozo, alcanzando unos orgasmos que la brindaban unos niveles increíbles de plenitud.

Junto al Gentil, en los prados, bajo los cálidos rayos del Sol, al calor de la hoguera, …

Roxana partía, con la pena en su corazón al dejar atrás a sus dos amantes.

Retornó nuevamente a la rutina del camino compartido con gentes variadas, otras veces sola. El paisaje típico de la rasa ya quedaba atrás, y ahora eran los típicos montes de pequeña altura, salpicados de prados y aldeas.

Unicamente, cuando se aproximaba a la población de Maliayo, el Picu Pienzu, en la Sierra del Sueve, con sus 1.161 metros de altitud, sobresalía a su izquierda.

En sus laderas y hayedos pastaban libremente pequeños rebaños de asturcones, el pequeño y resistente caballo típico de los montes cantábricos.

Maliayo, donde la ruta a Compostella dejaba la zona costera para encaminarse hacia Uvetum por el interior, estaba a la vera de un rio corto e irregular que convertía la zona hasta su desembocadura en el mar Cantábrico en una ancha ría.

Roxana recorría la calle principal de la villa, con pequeñas cabañas de puertas abiertas a ambos lados, intrigada del porqué los peregrinos se concentraban en ellas.

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general, pues también son necesarias otras herramientas y procesos, pero al menos ahora tienes una idea.

Ella lo examinaba todo con atención.

Debe de ser difícil, sobre todo lo último que me dices.

Cierto, así en palabras es fácil, pero luego se necesita mucho tiempo y sobre todo, paciencia. También hay veces que cuando acabas no te gusta lo que has hecho, y vuelves a empezar …

Además del az-zabach, usáis otras cosas, como la plata.

Sí, también la madera, tiras de piel, etc.

Roxana se puso a mirar diversas piezas acabadas, y como trabajaba Plácidu.

Creo que no es sólo el trabajo lo importante, ¿ verdad ?

Tiago no se sorprendió con su pregunta, ya había captado que ella era una mujer especial.

Ciertamente, estaba en un mundo nuevo para ella, que la desorientaba, pero parecía poseer una sensibilidad y cualidades que no eran las comunes.

Tienes razón. La talla, así es como se llama este trabajo, comprende dos partes. Una es el trabajo que te he explicado, y la otra es tu … imaginación, la capacidad de hacer algo nuevo, creo que se llama crear. Sí, ciertamente hacemos cosas muy parecidas, pues las gentes las quieren así, y es nuestro trabajo normal. Pero también somos capaces de hacer cosas nuevas, y en verdad que es muy atrayente.

Creo que esto es diferente de todo lo que yo conozco. La gente con la que vivo hace siempre las mismas cosas, costumbres que repiten cada día. Si – reflexionó -, es posible que los carpinteros, cuando hacen una cabaña, puedan también … crear …, pero en general, no había pensado nunca sobre esto …

Creo que para ti está bien que hagas este viaje, conocerás muchas cosas diferentes, y eso es importante.

Reflexionó unos instantes.

Claro que … conocerás cosas buenas y también malas …

Ella también meditó un tiempo.

Cosas malas … que curioso, en general no pienso en ellas, pero tienes

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Según me lo explicas parece lógico aunque, en verdad, nunca había pensado tal posibilidad.

Durante los días siguientes, Roxana los acompañó a ratos en su taller, aunque solía estar más rato sentada con Lucas, escuchándole y envidiando su habilidad para hablar con los peregrinos y, normalmente, conseguir que le comprasen las figuras.

Sin apercibirse de ello, empezó a mediar también en aquellas transacciones, siguiendo los consejos de Lucas que, según pasaba el tiempo, la dejaba hacer.

Sorprendido, captó que ella podría ser una buena vendedora, y sin pensarlo mucho, no tuvo reparos en que, de vez en cuando, llevase sola las riendas de las ventas.

Como tampoco, o más bien complacido, en dejar todo lo referente a la cocina en sus manos, con lo cual ella hacía la compra, preparaba la comida y la cena, además de algunas tareas caseras.

Cuando Roxana le sugirió algunos cambios en la entrada, donde vendía las figuras, no entendió que se podría hacer, pero se encogió de hombros, dejando que ella los hiciera.

La limpieza, una mejor disposición de las cosas que andaban por doquier, cosas sencillas que mejoraban el local.

Pero cuando ella también puso unos vasos en la mesa, ofreciendo infusiones a los peregrinos, Lucas se convenció de la diferencia, en especial con respecto a las demás tiendas.

Como asimismo notó que los peregrinos tendían a tratar más con ella que con él, y que las ventas mejoraban.

No entiendo bien porqué, pero parece que vendemos más que antes – comentó intrigado con Tiago y Plácidu en la comida, mientras Roxana estaba en la cocina.

Estos se miraron, conteniendo la risa y poniendo ambos cara de circunstancias.

Sí, yo tampoco lo entiendo, pero si las ventas mejoran, eso es lo más importante – matizó Plácidu.

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La Ruta Jacobea, conforme pasaba el tiempo, se fue ampliando. Originalmente, el Camino de Santiago de la Costa llegaba desde Francie hasta Uvetum.

Aquí, se podía continuar por el Camino Primitivo, a través del interior asturiano, o ir al Sur, hasta León, donde se conectaba con el cada vez más importante Camino de los Franceses.

Creyentes del Imperio Germánico, Italia, Inglaterra, Francia, etc., acudían allí andando en un viaje lleno de peligros. Las grandes distancias, las condiciones meteorológicas, las enfermedades, los penosos caminos de una orografía adversa a través de montañas salvajes llenas de lobos y osos, con ladrones y malhechores de todo tipo siempre al achecho, …

Las monarquías y la iglesia católica propiciaron este fenómeno, con medidas como el libre paso por sus tierras, la excomunión para quienes hostigasen a los peregrinos, etc.

Aunque de forma precaria, iban surgiendo formas de alojamiento y protección para los peregrinos. Las poblaciones más importantes disponían de albergues municipales, monasterios e iglesias con zonas de refugio, particulares que lo hacían caritativamente o cobrando, etc.

Sin duda, esto propició uno de los fenómenos asociados a estas coyunturas, el intercambio de ideas, información, cultura, que cobraría un auge inusitado en las transformaciones sociales europeas.

La medicina, con varios hospitales a lo largo del camino, también saldría beneficiada de este fenómeno humano.

La protección del Camino Jacobeo cobró importancia al tiempo que aumentaba la cantidad de gente que lo usaba, por lo cual se crearon órdenes religioso – militares como la de Santiago, del Hospital, etc. para tal fin.

Su creciente importancia llevó pareja un incremento de la riqueza y actividad económica. Esto suscitó la suspicacia de Roma, y aun siendo el primer centro religioso de Iberia, oficialmente siguió subordinada a Toledo, una vez esta ciudad devino católica.

Parejamente, para los incipientes e inseguros estados europeos resultaba más atractiva aquella pequeña población que la poderosa Roma,

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Para su sorpresa, allí no había una, sino varias curanderas, en palabras de Celia, la primera con la que contactó.

Hija, olvídate de tu aldea, de Maliayo, esto es otro mundo, algo completamente diferente. Empezando por la gente, enseguida lo verás.

No lo entiendo, ¿ por qué razones la gente tiene que cambiar aquí ?

Estoy de acuerdo contigo, yo tampoco encuentro las razones, soy incapaz de decirte los motivos … simplemente, me doy cuenta de ello.

Recuerdo que los peregrinos comentaban que a esta ciudad se la conoce como la Ciudad de los Obispos, ¿ qué significa eso ?

Los obispos son los jefes de eso que llaman religión cristiana, y quiere decir que hay muchos aquí. Además de los obispos, están otras categorías, como los curas y estudiantes y sí, es cierto que hay muchísimos – comentó Celia, entre risas contenidas.

Roxana tampoco entendía que eran curas y estudiantes, pero al igual que otras veces, comprendía que no podía interrumpir continuamente una conversación preguntando por todo aquello que desconocía. Poco a poco, se iría informando de ello.

Entonces, con esas gentes cristianas, debemos de ser cuidadosas con lo que decimos, ¿ no ?; de lo contrario, puede ser peligroso para nosotras.

Celia se encogió de hombros.

Realmente, esa gente dice que hay que hacer cosas que luego ellos no hacen. Quiero decir, la mayor parte de ellos no tienen interés en su religión, para ellos es como un trabajo, igual que hacen los artesanos, y así obtienen algo de dinero. Entonces, no prestan mucha atención a lo que dice la gente normal, aunque sí, es cierto que a veces puedes tener sorpresas desagradables. Como dices, lo mejor para nosotras es ser precavidas, ocultar aquello que para ellos es … sí, lo llaman pecado, aunque no me preguntes qué significa, no te lo puedo explicar.

Las dos deambulaban por las calles centrales de la ciudad, y Roxana pronto se dio cuenta de que las gentes hablaban en un rudo lenguaje, sin preocuparse de lo que decían incluso con aquellos curas a su lado.

Quienes, igualmente, usaban las mismas expresiones en su habla.

De la mano de su sapiente guía, una mañana se acercaron a la

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Una mujer, de su misma edad, estaba sentada al lado de la entrada de la gruta, levantándose al ver que Roxana se aproximaba.

¡ Hola !

Hola, ¿ eres Ayalga ? – respondió, con la misma sonrisa que ella

Ella la miró con atención, y Roxana sintió algo extraño en su interior.

Cual inerme, indefensa.

Aquel largo pelo color de azabache, sus relucientes ojos acastañados envolviéndola con un insoslayable pero cálido poderío …

Sí, Roxana, sé bienvenida.

¿ Como conocía su nombre ? Aturdida, le devolvió los besos en las mejillas.

Sin más palabras, Ayalga la cogió de la mano, llevándola por una senda que se adentraba en el cercano robledal hasta un claro cercano, donde se hallaba una cabaña.

Bienvenida nuevamente – sonrió, abriendo la puerta.

Alrededor del sagrado Lar central se localizaba un espacio para la cocina, otro para enseres, una gran talla de madera que llamó su atención, y un amplio jergón. A diferencia de los normales, este no estaba en el suelo, sino sobre una plataforma de cuyas esquinas salían unos apoyos para el suelo. Todo él estaba cubierto con unas mantas de lino, más espesa la exterior.

Deja ahí tu morral – le indicó -, estarás cansada. Voy a calentar agua para que te laves.

Yo … – trató de decir algo, pero no encontró las palabras adecuadas, lo cual provocó las risas de Ayalga.

Se sorprendió, pero finalmente se contagiaba, uniéndose a ella.

Encendió el fuego, mientras ella llenaba un oxidado recipiente metálico de agua en el riachuelo próximo, que luego ponía sobre el fuego.

Todo aquello le resultaba extraño, pero se sentía como una espectadora, sin ganas de hablar ni preguntar.

Cuando el agua se calentó, Ayala aproximó al Lar aquella extraña talla de madera que estaba vaciada, y la llenó con el agua humeante.

Luego, procedió a desnudar a la cada vez más sorprendida Roxana, y

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Curiosamente, esta no tuvo su reacción normal en este tipo de percances, pues él carecía de agresividad, simplemente estaba enfadado.

Aguantó su mirada sin titubear, y el hombre empezó a sentir que no estaba frente a una mujer normal.

Me llamo Roxana – dijo, en un intento de propiciar un cambio de ambiente entre ambos.

El hombre pareció reflexionar, y tras unos momentos respondía con un tono algo diferente.

Yo soy Feíto. Ya ves que ahora estamos muy ocupados, no podemos perder tiempo con …

¿ Con una marmueta ?

¿ No conoces lo que es una marmueta ? – preguntó con curiosidad.

No, soy una peregrina, vengo de una aldea cercana a La Montaña.

¿ Una peregrina ? No llevas la concha de los peregrinos y vas sola.

Roxana recordó que los peregrinos caminaban con una concha de vieira como collar o atada a su morral, como señal de identidad.

Cierto, la he perdido, tengo que conseguir otra. Y aunque ahora viajo sola, me suelo unir a grupos de vez en cuando.

Aunque el hombre pareció dar por buena su respuesta, Roxana intuyó que ahora la contemplaba con otros ojos. Posiblemente la vio al lado de la curandera, y podría pensar que ella era también una curandera.

Cuando digo que eres una marmueta quiero decir que no eres de nuestro grupo – le dijo Feíto quedamente.

¿ El grupo que llaman vaqueirus d’alzada ? … es la primera vez que os conozco y … siento curiosidad, me gustaría saber más de vosotros.

La miró fijamente, antes de contestar.

Ahora no tengo tiempo de explicarte nada. Como ves, estamos muy ocupados con los preparativos de nuestra partida. Si … – vaciló.

Si deseas conocer más de nosotros, puedes venir un rato a nuestro lado, y te contaré cosas sobre nuestro grupo. Pero …

Se interrumpió nuevamente. Roxana intuyó que tenía dificultad en proseguir. Dificultad o prevención …

Si nos acompañas, los marmuetos te pueden mirar de otra forma … no

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El tiempo del Xardón era la explosión de la vida vegetal en los montes de Somiéu, llenando de colorido laderas, bosques, prados, cualquier lugar donde la pródiga vegetación exhibía sus mejores galas.

Tiempo para volar … – aquella llamada impregnó nuevamente los pasos de Roxana.

Se despidió con afecto de aquellas personas que compartieran con ella no sólo sus momentos rutinarios, sino igualmente otros más profundos.

Sus vidas discurrían por senderos propios, en los cuales no entraban gentes foráneas. Sus ritos, ceremonias, tradiciones, tenían el sello de su diferenciación, que se incrementaría con el paso del tiempo.

Sus curanderas introdujeron a Roxana en los secretos de sus remedios para las enfermedades que aquejaban a sus gentes, al igual que en las facetas más esotéricas y ocultas de sus vidas.

Ciertamente, una experiencia que ha merecido la pena, todo un mundo nuevo … como todo lo que he vivido desde que partí de mi aldea.

Al igual que otras veces, recordó a su madre.

Aunque no temerosa, tampoco olvidaba que la vida tiene sus propias leyes, donde los humanos somos simples comparsas. Por ello, también se resignaba ante la posibilidad de lo peor.

Emprendió el descenso una soleada mañana, y al día siguiente, se hallaba en la entrada de aquella parte del cañón que nunca había olvidado. Confiaba en cruzarlo en un día, pues al ir sola podría ir a un paso rápido, además de que la perspectiva de pasar allí una noche parecía dar alas a sus pies.

Todo transcurría satisfactoriamente, cuando repentinamente se encontró frente a un grupo de cuatro soldados bajo el mando de otro portando un caballo de las riendas, ante su miedo a cabalgarlo en aquellos difíciles tramos.

Roxana nunca había tenido contacto con aquellas gentes, y no pudo menos que recordar los comentarios de Celia sobre ellos.

A veces son como bestias, como lobos. Se emborrachan cuando pueden, te roban sin miramientos, te violan sin quieren, y nadie se enfrenta a ellos,

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El diseño era sencillo, con muros de piedra y tejados de vigas de madera recubiertos con plantas, como la escoba o similares.

Antiguamente, la construcción de una vivienda era una tarea comunal, con la participación de los habitantes de la aldea. El paso del tiempo trajo el trabajo especializado, a cargo de equipos que contaban con artesanos para las partes de madera.

Sin duda, la construcción astur más típica es el hórreo, estando los primeros datados desde el siglo XIV, en la zona de Villaviciosa, hechos básicamente de madera de roble o castaño, con algunas partes de piedra.

No es una vivienda, y su diseño responde a la necesidad de proteger las cosechas de la voracidad de los ratones e insectos, de la humedad y también como secadero. Algo transcendental en la vida campestre, en la que todo lo relacionado con disponer de alimento en abundancia y en buenas condiciones, es lo más importante de todo.

Hasta la llegada del maíz en el siglo XVII, los cereales más cultivados eran el mijo, la escanda y la cebada, especialmente el primero, siendo consumidos por las personas y el ganado. El mijo, de gran valor nutricional, necesitaba ser secado durante el Invierno, mientras el maíz madura en el Otoño, requiriendo igualmente secarse a lo largo de los meses hibernales.

Así pues, vemos como el hórreo es la respuesta perfecta a las necesidades de una sociedad agrícola para secar, curar y guardar el mijo, maíz, cebada, escanda, patatas, cebollas, etc., sus alimentos básicos.

La panera vendría después del hórreo, acompañando al maíz. De mayores dimensiones, tiene una planta rectangular, con mayor número de pegollos y vigas acorde a las mayores cargas estructurales de la edificación.

Básicamente, el hórreo es una cámara de planta cuadrada, a veces con corredor, distanciado del suelo por cuatro pegollos, unas columnas de piedra rematadas por unas lajas horizontales. Estas son la defensa contra los ratones que, aunque son capaces de ascender por los pegollos, no pueden andar por las lajas. El sistema se complementa con una escalera que deja un espacio entre el último peldaño y la entrada del hórreo,

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SIMBOLISMOS EN LA MADERA

Desde nuestros orígenes, la humanidad ha exteriorizado sus sentimientos respecto al mundo de sus creencias internas más profundas y vitales por medio de diversas maneras, como las leyendas, el relato oral o escrito, el arte, etc.

Es simplemente, en nuestra realidad como personas, el simbolismo asociado a la imaginación, que no busca la perfección de la verdad científica, pero expresa así el sentimiento asociado a estas manifestaciones.

El grabado artesanal en la madera de seres mitológicos, símbolos solares y lunares, laberintos, etc., es quizás el más llamativo y extendido.

Una vez más, las personas cuyas manos gozan del don ancestral de la creación, han plasmado a lo largo de los siglos en diferentes partes hechas de la ancestral madera estas creencias y sensibilidades.

Sus obras nos adentran en sus mentes, aunque sea someramente. Es como contemplarles por una pequeña ventana, si bien nunca sabremos realmente que deseaban expresar con sus grabados.

Aunque actualmente la cruz está asociada a la religión cristiana, realmente tiene una larga historia, desde el continente europeo al africano, del americano al asiático.

Por ello, es lógico que tenga multitud de variaciones, al igual que mezclada con otros símbolos. Quizás donde, pues somos hijos de nuestros tiempos, nuestra mentalidad no lleva invariablemente es a las órdenes religiosas católicas, dado que, en general, era el símbolo cristiano enfrentado al naciente lunar sarraceno. La Orden de los caballeros Templarios es la más famosa, y sus cruces aún son motivo de estudio y discusión.

La cruz gamada, asociada al nacionalsocialismo alemán, era un antiguo símbolo solar.

La cruz la vemos grabada, por diestros artesanos, como símbolo de protección en multitud de obras de madera : arcas, arquetas, hórreos y paneras, en yugos del ganado, en cunas, …

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LA LLOBERA

En una mísera aldea del oriente astur, cercana a Llanes, nacía una niña en el año 1.623, con el nombre de Ana María García, hija de Toribia González y Juan García.

Nacida con el estigma de ser mujer, las duras condiciones sociales imperantes marcaban a su familia con el paradigma de los infortunios. Padre decrépito, familia numerosa, hermanos mayores carentes de escrúpulos ; Ana es una carga, y a los dos años la echan de su casa, acogida durante un año por Juan García y Catalina Juárez.

Al menos, su corta edad le priva de la conciencia de ser partícipe del fin de su padre que, arrojado al monte por sus hijos, acaba comido por las fieras.

Sigue su penoso periplo con diversas familias, a las que servirá como criada. Con Diego Soga, hermano de Juan García, hasta los siete años, luego ocho años con Juan Gutiérrez de Ardisana.

Repetidamente violada por Francisco Soga, otro familiar, se queda embarazada a los 14 años, pariendo en la casa de Toribia Sánchez, una conocida.

A sus 20 años, conoce a Catalina González, hechicera local, la persona que más influiría en su vida.

Catalina era la mujer receptora del saber de sus antecesoras, y uno de sus cometidos era cuidar a las gentes que, con diferentes dolencias y enfermedades, requerían sus cuidados.

Hija, aunque ya conoces algo acerca de las plantas, tienes que aprender mucho más. Para intentar mejorar las enfermedades de nuestras gentes, es necesario conocer las plantas que pueden aliviar sus dolores, lo cual es difícil.

Supongo que también es importante conocer el porqué de las enfermedades, sus causas, ¿ no ?

La hechicera la miró sorprendida, pues aquel comentario denotaba una perspicacia poco habitual.

Sí, tienes razón, aunque no sé qué decirte, reconozco que mis

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El vínculo con el joven no tardó en quebrarse, cuando este reaccionó con temor a las espontáneas narraciones de su pareja, contándole los detalles de su vida.

Peor aún, el pastor no dudó en comentar todo lo que Ana le narraba con María del Cerro, la esposa de Gabriel.

María era el modelo de buena cristiana, temerosa de su Dios, inequívoca y tenaz defensora de la fe católica y, sobre todo, implacable con quien no compartía sus principios.

Esto que me dice este zagal no puede ser cierto … bueno, está claro que la mejor manera de comprobarlo es hablar con esa mujer.

Una radiante mañana de Mayo ordenó que la joven se presentara ante ella y, aunque con Ana no se necesitaban subterfugios, comenzó a conversar ladinamente con ella.

Hola, hija. Vaya, veo que es cierto lo que me han contado de tí, eres muy bella … Bueno, quizás te preguntes por qué te he llamado, y la verdad es que tengo mucha curiosidad por conocer cosas de tu vida, pues es poco habitual que una persona como tú, de tierras tan lejanas y diferentes a las nuestras, aparezca por estos lugares.

Ana, tan cándida como siempre, no imaginó lo que aquella persona, envuelta en ropas tan incómodas, buscaba en verdad.

Gracias por su elogio, y bueno, es algo difícil de explicar, realmente es un simple deseo de viajar, me gusta conocer otras gentes …

Viajar está bien, pero una mujer sola es muy extraño, además de peligroso, ¿ verdad ?

Muy cierto, señora, en general los hombres son rudos y viles.

Pero tú, al parecer, cuentas con la sorprendente protección de los lobos, lo cual es muy llamativo, ¿ cómo puede ser eso posible ?

Allá en mis lejanas tierras, una hechicera me enseñó a no temer a los llobus, y además a llamarles en el caso de necesitar su ayuda.

María palideció, removiéndose inquieta en su silla.

Una hechicera … ¿ qué te dijo ?

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El fiscal palideció ligeramente, y optó por simular que se enfrascaba en la lectura de la denuncia, momento en el que intervino Ana.

Señor, me gustaría añadir algo – musitó Ana.

¿ Sí ? … ¿ qué quieres decir ?

Yo … recuerdo muy bien el momento de la muerte de Catalina, y …

El juez la miró, interesado. La sola mención de una bruja era una información poco usual en su jurisdicción, aunque también era un tema para obrar con cautela.

¡ Dime ya ! ¡ No podemos perder mucho tiempo !

Perdón … sí, quiero decir que cuando Catalina murió, yo estaba a su lado, y entonces ella insistió en regalarme una saya verde, a lo cual me opuse con todas mis fuerzas.

El juez y Dávila la contemplaron con un semblante menos grave, quizás dando por veraces aquellas palabras que, seguramente, implicarían una sentencia menos severa.

Como así fue. En Agosto, el juez dictaminó que Ana María García, bajo la abjuración de levi, era condenada a cuatro meses de prisión, con unas clases de adoctrinamiento para reforzar su fe en el benigno y santo cristianismo.

Igualmente, debería retornar a sus tierras natales, sin salir nunca más de allí.

Dentro de las normas de los juicios inquisitoriales, la abjuración era la aceptación por el reo de sus equivocaciones respecto a seguir las normas de la iglesia. Una vez dado este paso, estaba abierto el camino a la vuelta a las normas católicas, según las consideraciones de la sentencia dictada por el juez.

La abjuración de levi era la sentencia más leve, aplicada a los casos poco importantes.

Para su bien, la relación de Ana con la siniestra institución fue relativamente venturosa, sin que los garfios y los demás instrumentos de tortura usados pródigamente por la tétrica entidad tocaran su cuerpo.

Después de aquellos largos y oscuros meses, surgía una nueva Ana, que aprendiera bien el juego y proceder de la iglesia católica y de su

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Nayu y Osoriu portaban sus cuchillos, unas hojas de hierro largas y roñosas, con una empuñadura de madera de roble, y sus imprescindibles picas.

Con el viento favorable, el olor penetrante del lobo impregnó sus olfatos cuando aún distaban un centenar de metros del chorco.

El animal les percibió intuitivamente y su gruñido, contenido pero claramente amenazador, conseguía erizar el vello de los dos.

La respuesta instintiva de la presa ante su cazador …

Sobreponiéndose a su temor, y con la expectación reflejada en sus rostros, se acercaron a la trampa.

Los ojos del lobo, relucientes como ascuas en la penumbra de la depresión, enfilaron a los dos hombres, que se detuvieron.

Repentinamente, la fiera embistió salvajemente la empalizada, al tiempo que sus aullidos, atravesando el bosque, atronaban la montaña,

Y a los dos cazadores.

Instintivamente, estos saltaron hacia atrás, mientras un ligero temblor se adueñó de ellos durante un momento, sus mentes embotadas en su papel inconsciente de presas. Después de respirar hondamente, se aproximaron a la empalizada, contemplando al animal que, con una energía inagotable, proseguía con sus aullidos escalofriantes.

Descontando su cola, le calcularon una longitud de unos 1,2 metros, y un peso de unos 55 kilogramos.

Para ellos, aquella era una fiera impresionante, no recordaban haber capturado una de semejantes proporciones.

– Es muy grande – observó Osoriu, con un latente respeto en sus palabras.

– Cierto – corroboró su amigo – , fíjate en las tonalidades canosas de su pelo, es un macho viejo, posiblemente un solitario.

Yanu asentía a sus palabras. Algunos lobos viejos solían vagabundear solos, alejados o expulsados de su manada.

Se encaminó hacia una oquedad entre las rocas, retornando con una docena de fuertes palos de avellano.

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EL CAÑON DE AVILES

Sobre el puerto avilesino, las soñolientas nubes cubrían el cielo en aquella templada mañana otoñal del año 1.800.

Benino, el patrón de la chalupa, daba vueltas nerviosamente, hasta que explotó con la característica rudeza y jerga marineras.

¡ Mecagondios y la puta virgen ! ¡ Este cabrón de Hilariu nos está dejando solos otra vez !

Los siete marineros que le acompañaban se miraron entre sí, disimulando sus risas.

¿ Qué hacemos ? ¿ Zarpamos sin ellos ? – dijo Benino finalmente, mirando a su tripulación.

Al igual que otras veces, Benino había acordado con Hilariu, otro patrón, zarpar juntos para la pesca del cachalote.

Pero como pasaba de vez en cuando, ni Hilariu ni sus hombres aparecían por el destartalado embarcadero.

Seguro que estarán durmiendo la moña todavía – le gritó el veterano Nelu.

Todos se rieron, encogiéndose de hombros, y finalmente Benino dio la orden de zarpar, una vez que completaron la carga de agua y comida necesarias para unos diez días.

Aunque habitualmente se juntaban al menos dos embarcaciones para la pesca del cachalote, ahora sólo irían ellos.

Era una pesca peligrosa, siendo preferible ir varias chalupas para poder auxiliarse entre ellas en caso de necesidad, pero a veces las incidencias de la vida marinera forzaban a salidas solitarias, como ahora.

¡ No olvidemos la piel de serpiente ! – gritó Nelu, muy consciente de la importancia de aquella vieja tradición, que ahuyentaba los naufragios y propiciaba una buena pesca.

La pequeña chalupa en la que partían, era una embarcación de unos 8 metros de eslora y unos dos de ancho.

En tierra, la madera de roble que formaba su estructura daba una sensación de robustez y dureza, pero entre las bravas aguas cantábricas la chalupa era como un papel de fumar.

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Continuamente de pie, sujetando una cuerda atada a la proa que le ayudaba a conservar el equilibrio, el arponero Celsu escudriñaba sin descanso la mar, cuando gritó excitadamente :

¡ Allí a babor ¡ ¡ A unos 300 metros !

Todos miraron ansiosamente en la dirección señalada, a tiempo de ver todavía la estruendosa salida a la superficie del cuerpo oscuro y brillante del cachalote.

En un instante, Benino giró el timón, encaminándose en línea recta a su presa con la fuerza de sus remeros, aminorando la velocidad conforme se aproximaban.

Sus ojos se centraban en aquella imponente criatura que nadaba placenteramente en la superficie, con su estómago lleno por su última captura.

Las armas que portaban en la chalupa eran básicas. La más importante el arpón, un sólido mango de madera de unos 3 metros, con una punta de hierro en un extremo, y una larga cuerda de cáñamo al otro.

Por otro lado, las sangraderas, lanzas que una vez que el cachalote fuera arponeado, eran lanzadas repetidamente para acelerar su sangrado y debilitamiento. Por último, unas cuerdas, destinadas al remolque del animal hasta la playa o puerto.

Para caso de necesidad, disponían de boyas de madera para soltar la cuerda de la chalupa y evitar su hundimiento.

Lentamente, con la excitación y la tensión en sus cuerpos, se aproximaron a un lado, tratando de aproximarse lo más posible al cachalote, una cuestión de paciencia.

Eran momentos críticos, peligrosos. Todo dependía de su presa, siendo conscientes de que cuando comenzara la caza, aquel animal era quien tenía el poder. Su reacción ante su presencia y el momento crítico en el cual el arpón se incrustaría en su cuerpo marcaria el destino de sus vidas si la agresividad imperase en el comportamiento del cachalote.

No tenían recursos si se revolvía y con un poderoso coletazo destrozaba su frágil chalupa, mientras ellos se hundían entre las olas.

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EL ALEMAN DE CORAO

Nacido en nuestro planeta en el año 1.811, en las lejanas y frías tierras germanas, el alemán Roberto Frassinelli Burnitz se acabó asentando en la pequeña aldea de Corao, en las templadas tierras canguesas, hasta su muerte en el año 1.887.

Su esposa, Ramona Dominga Díaz, era oriunda de allí.

Su tiempo de estudiante de química, botánica, anatomía, etc. en la universidad de Tubinga se salpican con las inquietudes de la época, como sociedades esotéricas y asociaciones políticas progresistas, a la sombra del imperante romanticismo.

La amenaza de la cárcel y las represalias políticas le fuerzan, en el año 1.836, a buscar la calidez mediterránea española, no menos activa política y socialmente.

Apasionado de la arqueología, trabaja para bibliófilos y anticuarios alemanes, especialmente en iglesias prerrománicas, o el tumultuoso – y muy lucrativo – mercado de los monasterios desamortizados.

Conoce a su esposa en Madrid, yendo los dos a Corao en el año 1.854.

Como todo ser humano, su personalidad la conformaban varios aspectos. Quizás los más visibles, sus facetas de arqueólogo, arquitecto y dibujante.

Carente de títulos oficiales, ello no es óbice para que haga los planos y bocetos de la basílica de Covadonga, que sería finalmente adjudicada a Federico Aparici y Soriano. Como dádiva del Cabildo, se le permitió la dirección de las obras relativas a la cripta.

Sus dibujos de paisajes y monumentos que aún se conservan son fascinantes, con una minuciosidad y detalle que parecen fotografías.

Por ello, participa con Amador de los Ríos, en el año 1.905, como dibujante en su salomónica obra “ Monumentos Arquitectónicos de España ”.

Ya en Corao, sus facetas más personales brotan auspiciadas por el entorno, como la arqueología y el contacto con la naturaleza.

Experimenta la fuerza de algunos lugares, sintiendo esa necesidad de consagración, de advocación a su respeto y cuidado que diferencian a unas 256

Oficialmente, el año 1.886 significó el fin de la esclavitud en las colonias españolas de las Américas, aunque lógicamente ello no implicó su desaparición instantánea, dadas las fuertes relaciones con la economía de las plantaciones.

Aunque algunos se quedaban en las Américas, la mayor parte de quienes lograban su sueño retornaban a España.

Llegaba entonces el tiempo de disfrutar de su dinero, de la ostentación. Una de las metas más codiciadas era conseguir un título nobiliario, aunque este era un objetivo muy difícil.

Más fácil, construir una casa que proclamase públicamente su estatus social. Ya sea comprando y reparando viejos palacios, ya sea construyendo edificaciones de los más variados estilos, desde el colonial al modernista.

Para no olvidar los orígenes de su éxito, en sus cuidados jardines abundan árboles exóticos, como palmeras, abetos de Douglas, secuoyas, etc.

Colombres y Somao dan una espléndida muestra de estas casas, popularizadas como casas de indianos, casonas, etc.

Algunos de los indianos extendieron su influencia en beneficio de sus poblados natales, construyendo iglesias, colegios, hospitales, obras de conducciones de agua, etc., además de promover actividades culturales.

FELIPE FERNANDEZ

A finales de 1.800, la crisis afecta a Felipe Fernández, nacido en el praviano pueblo de Somao, junto a su esposa Mercedes González Pire.

No solamente el presente es negro, lo peor de todo es que no tenemos futuro.

Muy a su pesar, Mercedes reconocía la verdad de sus palabras.

Tienes razón, querido, pero me asusta la idea de cruzar el charco, de irnos a tierras lejanas y, mucho me temo, más inseguras que estas nuestras, a pesar de las dificultades.

No puedo decirte nada, tienes más razón que un santo. Yo también tengo miedo, y si en verdad viera alguna posibilidad de que nuestro mañana mejorase, no dudaría en quedar aquí.

¿ Donde podríamos ir ?

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Aún acostumbrados a las incomodidades y falta de higiene de sus tiempos, sus caras palidecieron cuando llegaron a la bodega que hacía las veces de camarote comunal.

El hedor proveniente aquel espacio cerrado, sin ventilación, les previno tiempo antes de acceder a ella.

Dios mío, esto es increíble, no creo que lo podamos soportar.

Una ingente cantidad de literas se agolpaban en aquel espacio, con apenas unos mínimos pasillos para el tránsito de las personas, que además tenían que sortear toda clase de maletas, baúles, valijas y bolsas desparramadas por el suelo.

Todo rezumando humedad, inmundicias, basuras, mugre, con un calor o un frío insoportable, dependiendo de la climatología externa, entre un griterío que sólo se reducía por las noches.

Aquellas condiciones infrahumanas eran contrarias, una vez más, a las leyes imperantes cuyos contenidos eran, ciertamente, muy completos, clara demostración de la buena voluntad y del conocimiento de los problemas de aquellas travesías.

Pero, irónicamente, daba la impresión de que la clase gobernante tenía bastante trabajo con decretar aquellas leyes y, una vez promulgadas, suponían que ya estaba todo resuelto.

Los emigrantes no podían portar armas, tenían derecho a una indemnización en caso de demora en la salida de la nave, un espacio suficiente para sus viajeros, con higiene adecuada, incluso la embarcación debía contar con un cirujano que velara por la salud de las gentes durante el viaje.

Otros detalles de las leyes dan muestra de las realidades sociales de la época, como la necesidad de que las mujeres casadas necesitaran el permiso de sus conyugues para viajar.

A la postre y como ejemplo, los impuestos recaudados por el estado entre 1.911 y 1.915 a costa de los emigrantes suman unos seis millones de pesetas, en claro contraste con las 150.000 destinadas a implementar las leyes protectoras.

Estas letrinas son pocas, sucias y repugnantes, ¿ cómo es posible que

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Al cabo de casi un año, la compañía decidió tener un representante en Santa Fe, lo que le aseguraba una mayor fluidez y control en sus crecientes programas de trabajo.

Ya conocedor de ello, Felipe manejó ladinamente sus contactos, y no le costó mucho el conseguir aquel puesto. Ello le reportaba no solo un mayor salario, sino lo que era más importante para sus planes, encontrarse en el núcleo de la actividad maderera, allí donde podrían desarrollarse sus planes.

Saliendo de aquel cuartucho que había sido su hogar durante un año, Felipe expresaba sus sentimientos respecto a aquella dura etapa de sus vidas.

Un año muy duro el vivir en este conventillo, suciedad, enfermedades, helado en invierno, un horno en el verano, …

Apenas nos hemos bañado en todo este tiempo, aunque tú lo haces de vez en cuando en los aseos de la oficina. Bueno, en verdad que en nuestra aldea tampoco nos bañábamos a menudo, pero sí alguna vez. Tengo el cuerpo mugriento, sueño con un baño de agua caliente y jabón … pero …

Felipe la observó con curiosidad, esperando que continuara.

Sí, todo eso lo conocemos muy bien pero, por otro lado, yo también he aprendido cosas positivas.

¿ A qué te refieres ?

A las gentes. Sí, de diferentes lugares, con lenguas distintas, pero cuando se lleva viviendo junto mucho tiempo, se crea un ambiente de compañerismo, de apoyo, que es muy bonito.

El reflexionó sobre aquel aspecto del conventillo que, quizás porque su tiempo estuvo dedicado al trabajo, no captó como su esposa, que conviviera cotidianamente con aquellas personas, especialmente mujeres y niños.

Sí, ahora que me lo dices, te entiendo. No hay duda de que algunas circunstancias ayudan a la amistad, a valorar a esas gentes, … pero … cuanto me alegro de dejar este antro …

Carmen sonrió, otra vez en total acuerdo con él.

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¿ Qué ? ¿ Cerrar a medianoche ? ¡ Esto es inaudito ! ¡ No acepto órdenes de nadie y, mucho menos, cuando ello nos quita lo mejor del negocio !

Es una orden del gobernador, no la podemos ignorar – le indicó Vicente.

Iñigo resopló, pensando en una solución, que encontró al fin.

¿ Cerrar las puertas ? ¡ Ya está !

En un alarde de picaresca, quitó las puertas de la cantina, por lo cual no contravenía la disposición.

Ese gachupín … – comentó el gobernador al ser informado, aunque prefirió dejarlo en el olvido.

No obstante, tal incidente hizo reflexionar a Iñigo.

Bien pensado, es absurdo caer en problemas por tonterías – comentó con su hermano Remigio.

Ya sabemos que aquí todo se soluciona con mordidas, pero tienes razón en que lo mejor es evitar complicaciones, además de que en esta ciudad hay muchas posibilidades de negocios.

Sin embargo, aquel tugurio no era la meta de Iñigo, y aquellas condiciones no hicieron sino incrementar su decisión de mejorar su posición por todos los medios, aunque los negocios en los que se desenvolvía no eran especialmente prometedores.

Sin olvidar su pasado pues, incluso en aquellos incipientes y duros tiempos, enviaba dinero a sus padres.

Su mínima educación le posibilitó conocer las ventajosas leyes, relativas a la fiscalidad, con las que el gobierno mexicano intentaba interesar a capitalistas foráneos.

Obviamente, no era su caso, pero poco a poco se introdujo en los aspectos legales imperantes.

Contactos, relaciones, mordidas, aquí todo funciona así.

Supongo que aquí y en todas partes, nada nuevo.

El comentario de su hermano no necesitaba añadidos.

Lo importante es la iniciativa, las ideas. Todo el mundo sueña con el dinero, pero muy pocos lo consiguen.

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JULIA ALCAYDE MONTOYA

Julia Montoya contemplaba orgullosa a su hija recién nacida aquel 22 de Mayo de 1.855, ligada por su sello cristiano la italiana Santa Rita de Casia, fallecida en la misma fecha del lejano año de 1.457.

Se podría reflexionar si las rosas, higos y amapolas, símbolos de Santa Rita, habrían tenido alguna influencia en Julia, dada su pasión por la pintura de simples, pero hermosas flores.

Su padre Manuel Alcayde, militar de profesión, estaba asimismo orgulloso de su descendencia, con otros dos hijos, a quienes ya adoctrinaba en la filosofía castrense.

En aquel ambiente, su hermano Fermín, nacido cinco años antes, orientó su vida al ejército siguiendo los pasos de su padre.

Pero además de la vida militar, la pasión de Fermín era la pintura.

Mira, mami, otra flor.

Que bonita, hija – su madre sonrió, contemplando aquella pequeña copia de la estampa de una rosa.

Aunque parecía que poco a poco había algunos cambios en las costumbres misóginas prevalecientes, ella era consciente de que las mujeres con vocación artística no se podían inscribir en las escuelas de arte, ni exponer sus obras en público. Por ello, su primera reacción hacia aquella posibilidad era considerarla una pérdida de tiempo, sin ningún aspecto positivo.

De todas formas, tengo que comentarlo con Manuel – pensó.

Un tiempo después lo hacía.

No para de dibujar lo que sea, da gusto verla tan entusiasmada …

Manuel asintió al comentario de su mujer, añadiendo :

Tienes razón, igual que Fermín, en cuanto tiene un rato libre, se pone a dibujar o pintar.

Miró otra vez los dibujos de Julia. Ciertamente, era posible que la niña llegara a ser una buena pintora. Pero enseguida bajó a la tierra, ¿ para qué ? …

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El aunó a su pasión por la montaña el arte de la fotografía, y entre el año 1.936 hasta su muerte en 1.981, hizo unas 15.000 fotografías de la montaña astur, en todas sus manifestaciones, siendo por ello maestro del testimonio gráfico de una época.

Con su cámara Contax, recorrió de todas las formas posibles nuestra geografía, cuando en los primeros años el viajar era lo más cercano a una aventura, plena de incertidumbres y riesgos.

En trenes, en autos, autobuses, camiones, a pie, en carros, a lomos de mulos y caballos, sometido a los incesantes caprichos de la meteorología, nada le asustaba.

Plasmando en sus negativos en blanco y negro las montañas, valles, paisajes, todo ello en una manifestación de sensibilidad ante la belleza de la naturaleza, tan difícil de explicar como sencilla de vivenciar.

A ello aunaba su faceta etnográfica, pues además del retrato de las innumerables personas que vivían en las montañas y recónditos pueblos y lugares, también recogía sus vivencias, relatos, historias, etc., dejándonos un legado cultural histórico sin parangón.

Como vemos, sin ninguna duda que hay muchos más personajes relacionados, de una u otra manera, con la montaña, pero finalmente me inclino por El Noi.

Influye, sin duda alguna, el ser la persona con la que yo empecé a engrosar ese grupo de gentes adictos a ella y, sobre todo, el creer que toda su vida y lo que le rodea es, posiblemente, la mejor muestra de sentimientos respecto a la montaña.

Sin olvidar que vivenció los dos aspectos antes descritos.

Emilio Ribera Pou nació, al igual que Frassinelli, en otros pagos, y aunque de diferentes contextos y épocas, ambos tuvieron en común tanto el venir a vivir en las Asturias como su pasión por la montaña.

Nacido en Barcelona en el año 1.911, tras la muerte de su padre se traslada a Gijón en 1.925 con su madre y hermano.

La llamada de la montaña entra pronto en su corazón, y ya en 1.932 entra como secretario en la agrupación montañera La Estrella Blanca, que

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15 Agosto 1.933

Torre de la Párdida (2.557 m.) y Neverón del Urriellu (2.564 m.)

(5.30) Me levanto. ¡Es el día de Begoña! ¡Día grande de Gijón! Todos mis compañeros se divertirán hoy grandemente, pero yo, de ninguna forma les envidio.

El tiempo está magnífico y a las 6.30 nos ponemos en camino con dirección a las altas cumbres, siguiendo el mismo de ayer, pero, al llegar al Hoyo Negro lo bordeamos esta vez por la izquierda para tomar el de Cerredo; en una arista entre el Hoyo de Cerredo y el de la Párdida empezamos a trepar por la colosal peña coronándola en 20 minutos. La vista es imponente y no me canso de mirar los bellos panoramas que ayer me fueron vedados. Al fondo (sur) tengo la profundidad del Hoyo-sin-Tierra, no lejos está el macizo de Llambrión con su grandioso nevero; la Torre de Cerredo se levanta a poca distancia de nosotros; contemplamos el itinerario desde donde ayer contemplamos dicha cumbre; la pared vista desde aquí parece inaccesible. En el Neverón del Urriellu vemos bajar 14 rebecos que se pierden entre los pedregales.

Esta cumbre que conquistamos la denominan los vecinos de Bulnes : Torre de la Párdida (2.557 m.) y es la que nuestros compañeros Peñalbos quieren bautizarla con el nombre del pico Boada por afirmar ellos que está innominada. Tiene dos cumbres de igual altura y no encontramos en ellas ningún vestigio de haber subido nadie.

Construimos por lo tanto en la cumbre oriental una torreta y practicamos seguidamente el descenso.

En una alta horcada me afirma Carlos que ve un rebeco recostado al fondo del Hoyo-sin-Tierra; despeña un grueso peñasco y efectivamente se levanta el rebeco, pero encima de las espaldas de un hombre; damos voces, pero nada más oírnos emprende una rápida marcha hasta desaparecer. Sin duda se trataba de un cazador furtivo.

Seguimos descendiendo hasta el collado del Neverón (Paso al Hoyo-sin-Tierra) y empezamos a trepar por los llambriales del neverón de Urriellu hasta alcanzar una arista. La cresta sigue en espolón hacia el sur y la recorremos en toda su extensión y en la Norte hay tres cúspides. Le

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manifiesto a Carlos mi intención de conseguirla, pero me dice que son muy y peligrosas, no obstante vamos hacia ellas. El último trecho de ellas se puede considerar muy peligroso, pues las rocas están destrozadas por la acción de los rayos, aparte de que el último tramo lo hacemos cara al Naranjo, que hay un precipicio pavoroso (me sonrío al pensar que teníamos la intención de conquistar esta cumbre colectivamente, en la última excursión al Naranjo).

Exploramos las tres cumbres del Neverón del Urriellu (2.564 m.) El terreno está falso y disgregado; no hay piedra que esté segura, nada más hacer un poco de presión, se desmorona; los rayos en esta cumbre deben de caer con mucha abundancia y frecuencia. Tampoco encontramos señales que me denoten alguna ascensión anterior, por lo que en la cúspide central levantamos una pequeña torreta. La vista de aquí al Naranjo es fantástica.

En el Naranjo de Bulnes

Llegan las nubes al suelo

Por eso los asturianos

Viven cerquita del cielo

Siento una intensa alegría al pensar que lo tenemos humillado a nuestros pies. En su cúspide tremola una bandera blanca puesta hace pocos días por Alfonso Martínez. Decididamente estoy hecho un rodador del Naranjo. ¡Lo he visto de todas formas y maneras! ¡Cerca, lejos, por todos lados! y además, he tenido la satisfacción de ver al orgulloso monolito a mis pies. En este lugar, la próxima vez que venga, no será más que para cumplir una promesa.

Después de media hora de grata permanencia en estas cumbres descendemos un poco y nos detenemos a comer (12,25). Al regreso Carlos Mier que trae consigo la escopeta, en el canal del Agua suelta dos disparos, pero el rebeco a quien iban dirigidos se escapa fácilmente por los canchales del Albo.

A las 15,40 ya estoy en Amuesa. Hasta que oscurece del todo paso toda la tarde encima de una atrevida arista que vierte en el abismo del Torno y

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a Mesones y me acompaña; el atajo está un poco más arriba y es bastante empinado, pero acorta mucho terreno. Pronto llegamos a la majada de Mesones (1.460 m.), (7,40), el lugar me gusta mucho.

Me espera ya, Miguel Pérez (sobrino de Gregorio Pérez, el famoso cainejo) y que después de un largo reposo y de beber tres grandes vasos de leche, que me saben a gloria, la emprendemos peñas arriba. Este pastor tiene una conversación muy amena y es muy culto e instruido; mientras, sin darnos cuenta, nuestras piernas y pulmones nos suben metros y más metros y Caín va quedando profundísimo, yo estoy muy atento escuchando las narraciones que me hace de sus hazañas con los osos, lobos y rebecos. A las 9,50 estamos en el boquete del Jou-Santu ú Hoyo de las Balas (2.000 m.). Una hora nos lleva de andar entre molesta pedriza hasta poder llegar a la Fuente de las Balas, cuyas aguas nos saben estupendamente. Hace una calor sofocante y estoy sudando a chorros.

En la profundidad de este hoyo y rodeado de tantos gigantes y de tanta excelsa grandeza en otra ocasión me sobrecogí, pero hoy no, estoy sereno y tengo la completa seguridad de que los venceré a todos. ¡Uno, por uno!

Dejamos en la fuente el morral y la ropa y nos ponemos en camino a la cumbre de Peñasanta de Castilla, atravesando en su parte inferior el nevero de la Forcadona, subimos por Llambrias y después por una estrecha grieta que nos deja en un gran descansillo; continuamos por la grieta y después bordeamos unas altas llambrias en dirección a la izquierda; aquí hay varios pasos bastante peligrosos, en uno de ellos en que tengo que descender para llegar a una cornisa estrechísima y debido a mi mala costumbre de pasar los lugares peligrosos cara al abismo me encuentro colgado sin poder hacer pie; Miguel asustado quiere venir a ayudarme, pero sin perder la serenidad logro colocarme otra vez arriba; busco otro paso más bajo, y aquí, sin darse cuenta Miguel, es donde corrí grave peligro, pues al suspenderme en el abismo con las dos manos, una la tenía fija con un agarre seguro, pero la otra,… con una piedra suelta… pegado de espaldas a la pared fui descendiendo centímetro a centímetro hasta poder poner el pie en el ansiado apoyo. Pasado el peligro se lo comuniqué a Miguel. Siguen otros pasos un poco delicados y Miguel se

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Con un voluminoso morral donde escondo cuerdas y material y que llama fuertemente la atención de los cazadores, desaparecemos por el Hoyacón de Villasobrada y por las Colladetas (2.195 m.) procediendo a examinar de cerca la esbelta aguja, que desde hace varias horas contemplamos y que es una deseada “meta” nuestra (no por cierto a intentar en estas presentes circunstancias “furtivas” como las actuales), desechamos la Collada del Sur pues la roca de la aguja por tal lugar es en exceso difícil, sino imposible; pasamos a la otra más abierta del norte, desde aquí contemplamos el hermoso espectáculo de la cara sur del Naranjo, el risco desde este lugar presenta una estrecha arista de calizas corroídas que se desmoronan y consideramos muy peligrosa la escalada por la arista, a su izquierda, o sea, hacia el N.E.. Con clara tendencia al Este, se distingue otra posible ruta bastante marcada, pues se trata de un vertedero en continua vertical, que finaliza en una chimenea hasta alcanzar una muesca cimera al Norte de la roca cumbreña principal, la roca con una apariencia bastante hostil aparenta unos 70 a 80 metros de vertical.

Sin pensarlo más, teniendo en cuenta que estamos presos de un estado nervioso puesto que Alfonso está al servicio de los camaradas cazadores, iniciamos una oración y mientras nos atamos con una cuerda de 30 m. colocándola sencilla uno a cada extremo, atravesamos un corto llambrial horizontal que nos sitúa a bastante altura al final de él. Alfonso gatea por el vertedero todo lo que da la cuerda y después me reúno, esquivando las pedradas que son de pronóstico, sigue otro trecho, en el que nos afianzamos mediante una clavija (este trayecto es sumamente vertical obligándonos a abandonar esta clavija al descender). Al fin llegamos a la chimenea, sumamente estrecha para pasar por ella, este trayecto resultó muy difícil y al final un voladizo obliga a arriesgarse en extremo en este tipo de roca deshecha; me incrusto en la chimenea a fin de evitar las pedradas, que en toda esta escalada son una constante preocupación. Alfonso, muy lentamente va tanteando la pared derecha de la chimenea, fijando tres clavijas escalonadas, mientras atiranto la cuerda y sostengo el peso de su cuerpo; el último paso le resulta en extremos costoso y me es

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Todos juntos cenamos.

POR LAS MONTAÑAS BEYUSCAS DE PONGA.

PEÑA SALON (1.244 m.)

3 de septiembre de 1961

PARTICIPANTES:

Manuel Rubiera

Manuel Menéndez

Constantino Puerta

Manolito Puerta

Luciano Castañón

Carmina Sastre

José Cubiella

Guillermo Suárez

Juan Carlos Fernández

José Luis Fernández

Emilio Ribera Pou

Pablo González Prado

Luciano Nicieza

Manuel Carmona

Felipe Troitiño

Dirección excursión: Pablo González Prado

Crónica literaria: Emilio Ribera Pou

Desde luego que goza fama la garganta del río Sella, pero no voy a añadirle más prosa innecesaria. En la Huera, en pleno desfiladero, la placa grabada con unos párrafos del pireneista Paul Labrouche, copiados de una revista francesa de hace 55 años, expresa opiniones extranjeras sobre su valor turístico. Lo que nos interesa a nosotros son las abruptas montañas occidentales de Los Beyos, apartados del turismo sobre asfalto, que dada su fama de “tierras malas” hace tiempo que las teníamos olvidadas, entretenidos en rutas montañeras en muy variados lugares.

En el contorno beyusco de Ponga son distintas las cumbres que se pueden lograr, pero la Peña Salón, es una excepción maravillosa que no

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Guezcas de Cerradiel (1.082 m.), donde geológicamente los conglomerados empiezan a sustituir a los cuarzos.

A espaldas nuestras sobresalen las rocallas cimeras de un endemoniado callejón, “Los Infiernos de Roguera” y, enfrente, en pleno “Cabreiro” a unos tres centenares de metros de profundidad ¡al fin! se descubre nuestro pueblo el extraño y remoto Lartosa (740 m.) que situáse a media ladera de la montaña oculto en una revuelta.

A juzgar por sus diversos tejados pizarrosos parece populoso, pero pronto comprobamos que tanto supuesto edificio es simple espejismo del conjunto diverso de los hórreos y paneras del pueblo. Lartosa solo lo habitan ocho familias y cada una dispone de varias de estas edificaciones propias para guardar las cosechas.

Descendemos por despeñados vericuetos hasta dar con un sendero bordeado de hermosos abedules de desconocida frondosidad. El poblado nos produjo aquella recordada emoción antañona cuando entramos por primera vez en aquel diminuto Caín de los años veinte por aquella arriesgada senda antigua del Cares.

Los edificios situados en fincas esparcidas son vetustas casonas, alguna hasta de tres plantas, pero lo que nos sorprende es su representativa y primorosa colección de hórreos. Recalcamos esta circunstancia dado que ahora se registra un curioso movimiento en pro de ellos, tanto que ya es fácil contemplar en nuestras villas algún chalet de construcción imitativa o emplazar alguno en las fincas de clases afortunadas. Es un tipismo regional altamente costoso, resultando menos gravoso adquirir los verdaderos por las aldeas, trasladarlos y volverlos a montar. Los arcaicos y pintorescos hórreos de Lartosa de distinta arquitectura -por si solos- pueden originar en el futuro un gran desfile de admiradores.

Desconociendo los paisanos de qué pelaje éramos los montañeros que, por cierto, jamás hollaron tal santuario de la naturaleza, nuestro grupo causó la natural prevención pero pronto hubo una reacción cordial y hospitalaria. Don Ginés Martínez Martínez nos informa, con orgullo contenido, de los nobles orígenes del pueblo, al parecer fundado por el

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RAMBAL

Alberto Alonso Blanco nació en el gijonés barrio de Cimadevilla, el 29 de Mayo de 1.928.

Escogió su apodo del actor español Enrique Rambal Saciá, famoso por su papel de Jesús en la película mejicana “ El Mártir del Calvario”, del año 1.952. Rambal murió en 1.971, con rumores de haber tenido una relación con el actor mejicano Mauricio Garcés.

A despecho de las normas sociales franquistas, Rambal gozó de gran popularidad dentro y fuera del barrio, sin duda relacionado con sus cualidades humanas.

Normas y costumbres nos marcan desde la cuna, y cuando la vida diferencia respecto al entorno social, el momento histórico dicta sus leyes.

El pobre entorno social en el barrio de Cimadevilla era diferente al existente unos metros más abajo. Las mayores posibilidades económicas conllevaban una clase social más acomodada, con las consecuentes diferencias sociales.

En los duros años posteriores a la guerra civil, la actividad económica en Cimadevilla se centraba en la pesca y su Fábrica de Tabacos, la popular Tabacalera. Por ello, gentes marinas y cigarreras eran la población predominante allí.

También el mundo de tugurios y burdeles asociado a puertos marítimos, como el famoso burdel Maracaibo, en donde las condiciones insalubres eran la norma.

La necesaria válvula de escape de las opresivas leyes sociales propiciaba la proliferación de locales y bares de alterne, como El Farol, El Planeta, Escocia, Las Ballenas, El Mercante, La Cabaña, El Chopa, donde la iluminación de algunas zonas brillaba por su ausencia y era posible lo que no estaba permitido normalmente.

Como anécdota, estos bares eran frecuentados por mujeres jóvenes, a quienes sus familias echaban de su hogar al quedarse embarazadas. Esta mentalidad no era la normal en Cimadevilla, donde las familias de las pescaderas que se quedaban embarazadas se hacían cargo de esta prole sin problemas.

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EL VALLE DE LA MUERTE

El coronel Antonio Aranda, máximo dirigente militar en Oviedo, ultimaba los detalles de su incorporación a la reciente rebelión militar del 18 de Julio de 1.936, aunque teniendo en cuenta las circunstancias propias de la región.

Ladinamente, sacaba partido de su republicanismo, masonería y liberalismo, lo cual motivaba el recelo de la Falange. Pero igualmente de muchos republicanos, conscientes de su activo papel en la represión del levantamiento popular de Octubre de 1.934.

Ahora, al producirse la sublevación militar, persuadió al gobernador civil de Oviedo y a los dirigentes populares de su apoyo a la República, ofreciendo además armas a los trabajadores y mineros.

Estos confiaron en sus palabras, dedicándose a organizar un tren que saldría inmediatamente hacia León, con 4.000 mineros, para apoyar a las fuerzas republicanas, contando con 200 mosquetones cedidos por Aranda.

Aranda ultimó sus planes. Contaba con el apoyo de los coroneles Antonio Pinilla y Eduardo Recas, del teniente coronel Luis Valcárcel y del comandante Santiago Alonso Muñoz, de la Guardia Civil.

Ello representaba unos 650 soldados, 1.300 guardias civiles, ocho cañones y sobre todo, armamento y municiones en gran cantidad.

En contra, no contaba con el comandante Alfonso Ros, de la Guardia de Asalto con 270 hombres, y el teniente coronel Ricardo Ballinas, de los Carabineros, con 300 hombres.

Un factor muy importante era la fábrica de armas de Trubia, al mando del coronel José Franco Mussió, fiel a la legalidad republicana.

Con todo ello, y dada la fuerza de las milicias obreras, no había unanimidad entre los golpistas, con el temor de que la asonada militar podría fracasar.

Aranda se reúne secretamente con Pinilla en Gijón, decidiendo que, a pesar de todo, proclamarían el estado de guerra al día siguiente. Un refuerzo de última hora fue la incorporación del comandante Gerardo Caballero, antiguo comandante del 10º Grupo de Asalto que tuvo un papel destacado en las represalias contra los mineros en el año 1.934.

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Aquel día 6 las capturas eran incesantes, con lo cual apenas nadie se preocupaba de echar una ojeada al cielo, regla elemental de la navegación en la mar.

Pero no para el grandón Felión. El instinto, esa capacidad imposible de explicar que, a veces surge, sin aviso ni control, de nuestro inconsciente, conllevó el anticiparse una hora a la llegada de la galerna.

Aquel curtido patrón del Ana María, hacia las cuatro de la tarde, gritó :

¡ Va a ver oveya !

Sin dudarlo, dio la orden de acabar las capturas, poniendo rumbo sin demora hacia la costa, al puerto de Llastres.

Apercibidos, los otros patrones se mostraron indecisos, pues las condiciones meteorológicas no eran malas. Entonces, las tripulaciones sintieron aflorar sus contradicciones.

Por un lado, todo lo que envolvía el grito de Felión.

Por otro, lo que implicaba dejar la pesca, una necesaria fuente de ingresos para aquellas gentes con una economía de simple supervivencia …

Pero algo raro flotaba en el ambiente, y el oír aquellas palabras y luego contemplar como el Ana María se alejaba …

La galerna del Cantábrico …

Al igual que el grisú es el terror de los mineros, la galerna hiela la sangre de los marineros.

La cara siniestra de la naturaleza, la mar desbocada, la muerte acechante …

La especial geografía cantábrica, con una cadena montañosa ininterrumpida desde Galicia a Euskadi, unos 800 kilómetros de longitud, es la causa de la formación de las galernas cantábricas.

En situaciones climatológicas concretas, la llegada al golfo de Vizcaya de aire meridional, recalentado y seco, eleva la temperatura de la costa hasta los 30 ° C, en acusado contraste con la gallega, unos 20 ° C.

A lo largo de la costa cantábrica, impera un tiempo espléndido, cielos despejados, altas temperaturas.

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CHIGRES

Desde que hubo sidra, el local denominado para servirla tuvo diferentes nombres, como bar, taberna, y los más antiguos imposibles de conocer.

La palabra chigre proviene del mecanismo usado para descorchar la botella, pero esto se olvida popularmente.

Al final, un chigre es un chigre, así de fácil y claro.

El nombre de chigre se ha mantenido durante muchos años, aunque el tiempo no perdona y, tristemente, ahora está en desuso, lo mismo que algunas características intrínsecas a tales lugares.

En general, lugares no muy grandes, mal iluminados y ventilados, con pocas mesas y sillas, y con el olor propio de las gentes, entre quienes la higiene no prevalecía debido a las realidades sociales de sus épocas.

Específico a ellos, el suelo lleno de serrín, protección contra la sidra que se derrama al escanciarla en los vasos típicos de esta. Protección ilusoria, pronto estaba empapado, y su cambio no era diario.

Su olor, sus gentes, su ambiente, se quedan grabados en la memoria de quienes lo han vivido.

El olor del tabaco negro invadía el ambiente, con los Ducados, el Rex y, especialmente, los Celtas. Este último era conocido como el Chester obrero, dado su precio más asequible.

La característica imagen de la caja de Celtas era icónica, el rudo y bárbaro guerrero pretendidamente celta, con su larga barba, su casco y escudo y su espada levantada, en clara actitud agresiva.

Sus camareros eran especialistas en el escanciado de la sidra, nada fácil, pues este método es indispensable para que la bebida adquiera su característico sabor. La sidra se oxigena con el movimiento, activando su gas carbónico, y entonces su sabor es muy similar al original, como si la bebiéramos saliendo directamente del tonel.

No hay duda, echar sidra en un vaso es un escarnio.

Como todo centro social, las conversaciones giraban en torno a la época, al momento determinado, a la zona, a los deportes, a las novedades tecnológicas como la televisión, etc.

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Pasada nuestra Guerra Civil, se convierten en núcleos importantes de la resistencia obrera sindicalista y antifranquista, propiciado por el hecho de que no eran lugares frecuentados por las clases conservadoras.

Pero uno de las señales más arraigadas de identidad de los chigres eran sus coros, espontáneos o estables, la gente cantando las canciones más populares de las regiones, como las marineras, las de la quintana, las de la montaña.

El desaforado consumo de tabaco no era obstáculo para que las voces sonaran casi celestiales, y con la agradable compañía de la sidra y la prevaleciente empatía, enseguida surgía la chispa y las gentes comenzaban a cantar espontáneamente, en bable, en castellano, en ambos.

Un espectáculo vibrante, emotivo, sin programa, donde las sensaciones fluyen sin barreras, la transposición es innata.

Una parte importante de este legado tenía la referencia del gijonés José González Cristóbal, “ El Presi “, cuyas canciones crearon un nuevo estilo que perdura actualmente en cantantes populares.

Las habaneras y baladas marineras tenían un inconfundible sello de identidad, dado su arraigo entre las gentes marineras. Su clímax se alcanzaba con la magia del acordeón, pero en los chigres no se amilanaban ante ellas. Una pequeña muestra :

A LA MAR FUI POR NARANJAS

A la mar fui a por naranjas

cosa que la mar no tiene

toda viene mojadita

de olas que van y vienen

¡ ay mi dulce amor !

ese mar que ves tan bello

¡ ay mi dulce amor

¡ ese mar que ves tan bello

es un traidor ¡

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Javier fue una de las tantas personas que tuvo la suerte de ser introducido por el Noi en ese ancestral mundo de la montaña, de la naturaleza.

Una de aquellas excursiones discurrió por aquellos pagos, entre el Puerto del Connio y el profundo pueblo de L’Artosa, pero la típica jornada norteña, con nubles y niebla, impidió una visión completa del monte en el ascenso por carretera al puerto.

Otras veces, Javier se adentró en solitario en bosques agrestes, sierras escondidas y parajes abruptos, por lo cual esa faceta de la soledad de la montaña no le era desconocida. Un modesto aprendiz de el Noi …

La senda se adentra en un pequeño hayedo, que da paso al robledal conforme gana altura, y se estabiliza posteriormente, cuando los árboles dan paso al canchal.

No, arriba no está quemando el Sol, pero el color azul es fantástico.

Igual que el silencio.

El silencio de la soledad …

Javier no era ajeno a ese silencio especial, primigenio, que surge inadvertidamente en algunos parajes.

Como ahora en medio del canchal.

Mar de piedras.

Pero la mar es rugiente, desconoce el silencio.

Ahora, el silencio se anclaba en aquellas piedras destrozadas, en la ladera resquebrajada de la montaña.

Se multiplicaba, penetraba en el interior del montañero, como retornando al aislamiento primordial del útero materno.

Javier se paraliza, incapaz de avanzar. ¿ Instinto ?

Atrás … atrás …

No es una derrota, se acepta sin planteamientos, y Javier retorna a Las Tablizas.

Una experiencia más, ahora pensando en la próxima.

Semanas después, Javier se conmocionó al conocer la muerte de “Chiquito”.

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